Por increíble que parezca, ya han pasado dos semanas desde que Matteo Brooks y yo vivimos juntos. Y nos va raramente de maravilla. Va todos los findes al Chelsea Market, como le dije. No deja ropa, platos o vasos tirados —es un tanto ordenado—. Me lleva a los sitios que le pido. E incluso hablamos mucho. Es simpático y es bastante más agradable tener con quien hablar que pasar mis días en soledad y silencio.
Aunque cabe mencionar las pequeñas ocasiones en las que me hace ese tipo de bromas calentonas que me ponen de los nervios. Tampoco hemos discutido, al menos no fuera de lo típico; la cena del día, algún que otro debate sobre alguna peli u otro tema que salga en alguna conversación y estemos en desacuerdo, pero es el tipo de discusión que tienes con alguien al tener opiniones distintas. Fuera de eso, todo marcha relativamente bien.
Eso sí, en estas dos semanas he aprendido varias cosas.
Aunque Matteo aparenta ser muy bromista y vivir la vida a lo más sin preocupaciones, lo he oído en múltiples ocasiones hablar con su madre. Le pregunta cómo se encuentra, si necesita algo, si quiere que la visite... Y a ver, no es que yo sea una chismosa compulsiva. Solo es a veces. Por otro lado, nunca me ha mencionado nada de su padre. Y yo tampoco es que quisiera sacar el tema. Sé perfectamente qué se siente que te presionen a hablar de algo que no quieres. Y si a estas alturas no sé ni su nombre, debe ser algo que no le guste mucho hablar.
También he notado que le gusta mucho la comida salada, pero de vez en cuando me pide que prepare algún que otro zumo de frutas. Y cuando viene de hacer la compra del centro comercial, siempre trae una tarta de chocolate o botes de helado para comerlos mientras vemos alguna película de terror.
Y como siempre, acabo por estar pegada a él como una garrapata por el miedo. Las que había visto antes, no se comparan en nada con estas. Es más, hasta siento que toda mi vida he estado viendo películas de terror categoría uno para menores de doce años.
Otra de las muchas cosas que descubrí, es que los fines de semana hace ejercicio de una a dos horas cada mañana en el gimnasio del edificio. Cada vez que se levanta a las nueve de la mañana para hacerse su desayuno —un hermoso y asqueroso batido verde, que según él es muy nutritivo y saludable—, termina por levantarme a mí tambien con el espantoso ruido de la licuadora. Así que por eso es que me he creado la rara costumbre de levantarme a esa hora junto con él.
Así que aquí estoy. Despierta a las nueve de la mañana en pleno sábado. Sólo que en vez de hacer ejercicios que hacen que sudes hasta la última gota de sudor de tu cuerpo —aunque Matteo ya me propuso hacerlos junto a él, y yo, claro, me negué—, estoy dispuesta a empezar a hacer yoga sano y sin esfuerzos a través de videos de Youtube.
¿Qué mejor vida que la mía?
—¿Estás segura? —pregunta Matteo desde la cocina, bebiendo su terrorífica bebida verde—. ¿De verdad que no quieres venir a hacer ejercicio conmigo en el gym? Recuerda que los gastos son reducidos.
—Que nooo —respondo mientras coloco el tapete de color morado extendido en el suelo, detrás del sofá—. ¿Por qué tanta insistencia con eso?
—Por dos razones. Una, es para que no te quedes aquí sola y deprimiéndote mientras haces los ejercicios "pasivos" de ese vídeo —señala mi móvil, en el suelo—. Y la otra y principal, es porque me pone mucho imaginarte en un conjunto de ropa ajustadito mientras sudas.
Ignoro su pervertido comentario, a pesar de que todavía no me acostumbro del todo a escucharlos. Porque sí, los dice a menudo. Muy a menudo. Y mis mejillas se tornan de un intenso color rojo cuando eso sucede, pero trato de aparentar que me dan igual, aunque me pongan de los nervios.
—Vale, vale. Matteo, ¿no tienes que irte? —pongo mi cara más angelical posible.
—Sí, sí, ya me voy, pesada —coge su celular y sus auriculares antes de caminar en dirección a la salida.
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Un Error que volvería a cometer
Roman pour Adolescents¿Qué pasaría si de la nada tuvieras que compartir tu nuevo departamento con alguien por un error de una empresa inmobiliaria? ¿Te lo has preguntado? ¿Y si ese "alguien" es un chico? ¿Qué harías? ¿Y si está guapísimo? ¿Y si está buenísimo? ¿Y si tien...
