MATTEO P.O.V.
La observo, como embobado, mientras recorre felizmente como una niña pequeña los mostradores de la tienda, y en cuanto más la miro, más me parece la mujer más jodidamente hermosa del puto planeta.
No sé exactamente si es por su sonrisa de oreja a oreja, o por los brinquitos de felicidad que realiza al cabo de cierto tiempo, o quizás se debe a la manera en que se aprieta las mejillas con las palmas de sus manos cuando algo se le hace muy tierno. O... simplemente se debe a que es mi novia y solo puedo y quiero mirarla a ella.
O tal vez, y sooooolo tal vez, a la forma en que ese short corto que elegí muy sabiamente le resalta su hermoso, redondo y perfecto culo.
Lo veo y me entran unas urgentes y repentinas ganas de clavar mis dientes en la suave piel de la zona. Estoy seguro de que se volvería roja, incitándome a repetir el movimiento. Entonces colocaría mis manos sobre sus nalgas, las apretaría a mi antojo y luego bajaría con mi boca hasta llegar al vértice entre sus muslos para saborear la piel de su...
—¡Matteo!
El chillido de emoción de Émery me saca de mis cochinos pensamientos sexuales y clavo mis ojos en ella, interiormente agradeciendo la interrupción porque había comenzado a sentir un ligero cambio en mis pantalones, y ahora mismo no es el momento ni el lugar adecuado para hacerme cargo de lo que conlleva el problema llamado erección.
Mi imaginación suele volar muy alto cuando se trata de ella. Y volverse muy gráfica y bastante más creativa de lo normal.
Centro mi atención en ella una vez más, notando que corre en mi dirección, emocionada, y me es imposible no esbozar una enorme sonrisa al contemplar la suya.
Mas todo signo de sonrisa desaparece de mi rostro cuando me hago una idea de cuáles son sus intenciones, al detenerse delante de mí y enrollar sus manos alrededor de mi cuello, ladeando la cabeza de una manera muy, no, demasiado, inocente.
—Novio mío...
—No. —digo firmemente, cruzando mis brazos sobre mi pecho.
—Pero...
—No.
—¡Aún no he dicho nada! —se queja.
—La respuesta es no. —acerco lentamente mi rostro al suyo—. No. Vamos. A. Comprar. Un. Perro.
Frunce el ceño.
—¿Cómo tú sabías...? —sacude la cabeza y luego me sonríe de la misma manera que antes, acercándose más—. Bueno, no importa. ¿Un gatito?
—Tampoco.
—Pero, ¿por qué? —frunce los labios en un pico y arquea las cejas, formando una mueca de niña disgustada en su rostro.
Adorable.
—Porque a dieferencia de tí y la garrapata insoportable que tienes por mejor amigo, a mí no me gusta vivir con perros, ni gatos mucho menos.
Me estremezco de solo pensarlo.
—¿Eres alérgico a su pelaje?
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Un Error que volvería a cometer
Novela Juvenil¿Qué pasaría si de la nada tuvieras que compartir tu nuevo departamento con alguien por un error de una empresa inmobiliaria? ¿Te lo has preguntado? ¿Y si ese "alguien" es un chico? ¿Qué harías? ¿Y si está guapísimo? ¿Y si está buenísimo? ¿Y si tien...
