"Capítulo 15"

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Después de aquella noche, decidimos no mencionar más el tema. Ni Jade ni yo hemos dicho algo al respecto, como una clase de acuerdo mutuo.

Todo sigue su curso normalmente.

O eso diría si fuera normalmente del todo.

Porque a ver...

PIERCINGS.

Tengo. Dos. Malditos. Piercings. En. Mi. Cuerpo.

¿Cómo?

Pues...

Pasado; hace una hora...

Mientras duermo tranquilamente entre las cómodas sábanas de Matteo, siento el ruido sordo de la puerta al abrirse:

-¡Émery! -grita la chillona de mi amiga, mientras siento sus pasos acercarse a mí cuerpo desplomado en el colchón-. ¡Despierta!

-Vete a besar a Owen y déjame en paz, joder. -murmuro, sin despegar mis ojos.

-Vamos, perezosa, levanta el culo de la cama.

-No molestes, Jade. -me acurruco más en las sábanas.

Hay unos segundos de silencio, hasta que Jade habla.

-Perfecto. ¿No te vas a levantar? -niego, adormilada-. Entonces, supongo que no te quejarás cuando la aguja traspase la piel de tu oreja, ¿no?

Mi cuerpo, automáticamente, se espabila, se incorpora y observo con los ojos bien abiertos.

-¿Qué has dicho? -pregunto.

-Eso mismo.

-¿Me quieres torturar sacándome la sangre con agujas en la piel?

-¿Eh? ¿Qué clase de bruja crees que soy? -se hace la sorprendida e insultada.

-La de mis pesadillas.

-Vale. -dice, para nada ofendida-. Levántate, te pondré hielo y en media hora te pongo el piercing. -avisa.

-¿Eh? -cuestiono, perdida-. ¿Un piercing?

-No, en realidad serán dos. -corrige.

Termino de levantarme completamente, y una vez en pie, observo a mi mejor como si fuera una loca.

-¿Dos?

-Sí, dos. -repite.

-¿¡Dos!? -repito, más alterada.

-Que sí, Émery, dos.

-¡¿Cómo que dos?! ¡¿Dónde?!

-En la oreja y el ombligo. Se ven sexys y están de moda. A los hombres les atrae mucho en la cama a la hora del sexo. -me informa.

-Pues no le veo el motivo a que yo los tenga que usar.

-El motivo el simple; no eres lesbiana y aunque lo fueras, me agradecerás cuando tengas sexo con alguien.

-¿Y qué?

-Accediste a ser mi conejillo de indias sin rechistar, ahora te aguantas.

-¿Al menos tienes experiencia, no?

-Una que otra prima, así que sí, tengo experiencia.

-Bien. -asiento, un poco más aliviada-. Me alegra oír que las probabilidades de que termine con una oreja infectada son pocas.

Un Error que volvería a cometerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora