"Capítulo 27"

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Mini maratón 1/2 de Matteo

Me levanto temprano en la mañana, más de lo habitual, con un único objetivo; hacerle el desayuno a mi enana favorita.

Vale, puede que no sepa cocinar, pero unos waffles no son tan difíciles de preparar.

¿Verdad?

Después de quitarme el pijama de dormir, ponerme la ropa de deporte y cepillarme los dientes, voy hacia la cocina y lo primero que hago es agarrar el bote ya preparado de mi batido de plantas proteínas el cual es excelente para la salud, y me lo bebo rápidamente. Para no despertar a mi Reina de Corazones con el ruido de la licuadora y darle más tiempo para dormir, decidí hacer el batido antes del fin de semana, y así tengo más tiempo. Cuando termino, me pongo a buscar entre los cajones el libro de recetas del que Mery me habló hace tiempo, el cual era de su abuela. No creo que le moleste que lo utilice. Rebusco en las alacenas, estantes y cajones de toda la cocina pero no lo encuentro. Acabo yendo a su habitación a buscarlo allí, de lo contrario, tendré que auxiliarme de San Google. Émery siempre es la que prepara nuestro desayuno, y hoy quiero hacerlo yo.

A veces siento que mi niña necesita que la consientan como ella se merece que lo hagan. Y yo estoy encantado de consentirla.

De todas las maneras posibles.

Con una sonrisita tonta, sigo buscando en el armario, pero ahí tampoco lo veo así que voy hacia la mesa de noche. Rebusco entre las cosas que hay; auriculares, papeles, lápices, maquillaje, un cargador y... agrando más mi sonrisa al ver aquella caja de condones, la que le regaló Emilia el día de su vuelo. Pobres preservativos. Se van a vencer sin haberse abierto la caja.

Total. Si nunca los usamos.

Suspiro. Hoy es sábado. Eso solo significa una cosa.

Mi triple sesión de sexo.

Dios Santo, es que se sólo imaginarme las cosas que vamos a hacer el corazón empieza a palpitarme con fuerza, y mi amigo se comienza a endurecer.

Al final acabo encontrando el libro de recetas en el tercer cajón, y vuelvo a la cocina, satisfecho.

Encuentro la receta en una de las páginas del medio, y pongo toda mi atención en cada paso. Solo espero no armar un desmadre culinario. No sé por qué, pero no me bendijeron con el don de la cocina. A mí solo se me da bien tragar. Pero por ver una sonrisa en el rostro de esa chica, soy capaz de lo incapaz.

Vale, eso sonó cursi.

Maldita sea, ¡¿yo desde cuándo soy tan cursi?!

Ah, cierto. Desde que la conocí.

Suspiro y vuelvo a mi tarea de remover la mezcla de los waffles. Agregué todo lo que decía la amarillenta hoja de papel al pie de la letra; dos tazas de harina, tres cucharadas de azúcar, cuatro huevos, media taza de mantequilla derretida, dos tazas de leche y ahora debo agregar algo llamado... ¿Extracto de vainilla? Ni idea de que es eso último, pero tiene algo que ver con la vainilla, ¿no? Al abrir el frigorífico veo un pequeño bote de cristal con ese nombre en una de las repisas y lo tomo en mis manos. Observo a través del cristal que es un líquido oscuro, y arrugo las cejas inmediatamente.

¿La vainilla no es blanca?

Mierda, ¿y si es matarratas o veneno para cucarachas envasado en ese frasco?

Horrorizado, busco mi celular y abro San Google. Que se note mi desesperación, no me importa, pero no quiero quedar viudo antes del matrimonio.

Suelto un suspiro de alivio al comprobar que, efectivamente, el supuesto "extracto de vainilla" es de color oscuro, casi diría que negro.

Un Error que volvería a cometerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora