—¿Es que acaso eres tonto? —pregunto, mientras envuelvo la mano de Matteo con una venda elástica.
—Ya, ya. No me tortures más. Definitivamente, no sirvo para la cocina.
—Pero, ¿cómo carajos es posible hacerse un corte en la mano cortando una cebolla?
Estamos en el sofá, Matteo sentado y yo arrodillada delante de él curando su mano herida, después del fallido intento suyo por cocinar una lasaña. Me dijo que quería aprender a hacerla ya que es su comida favorita. A mí también me gusta, así que accedí a enseñarle. Pero, acabó cortándose la mano con una simple cebolla.
Supongo que todo el mundo tiene una debilidad.
—No lo sé. En un momento estaba cortando la cebolla y al otro me estaba desangrando. —dramatiza poniendo su mano libre en el corazón.
—¿Sabes qué? No le des más vueltas. Eres un exagerado. Ya terminé. —aviso.
Él se mira la mano vendada desde la muñeca hasta el comienzo de sus dedos y me mira con los ojos abiertos.
—¿Cómo es que sabes de enfermería? —pregunta con una sonrisa de lado.
Me encojo de hombros y me levanto del suelo para sentarme a su lado.
—No es nada del otro mundo. Mi hermana mayor, solía pegarse o jalarse del pelo con las chicas de su instituto cuando era más joven, y acababa siempre con algún rasguño o raspón. A mis padres no les gusta mucho ver sangre así que era yo quien le curaba las heridas.
—Así que eres la responsable de la familia.
—Se puede decir que sí. Aunque... —mis hombros se tensan—. en mi primer año de universidad, solía beber mucho y salir de fiesta hasta altas horas de la madrugada.
—Mmm...
—Esa fue mi etapa más rebelde. Y la única. Emilia es mucho peor. Pero cuando las cosas son serias, ella también lo es. —sonrío.
—Tu familia es muy interesante, eh.
Suelto una carcajada.
—Pues sí. —en ese momento, un teléfono suena—. ¿Es el tuyo? —pregunto.
—Sí. —saca el móvil de su bolsillo y se pone de pie—. Vuelvo en un minuto.
Espero pacientemente en el sofá hasta que Matteo termine de hablar. Está en el porche, de espaldas y apoyado con sus codos en la barandilla.
Qué culo más ajustado.
Dios mío, conciencia. Qué cosas dices.
No te hagas la inocente, tú eres yo y yo soy tú.
No, no, no. Tú eres tú. Yo soy yo. Pervertida.
Sí, sí. Repítelo hasta que te lo creas Emerita.
—Oye, guapa. —la voz de Matteo me sobresalta en un costado, a lo que doy un brinco de pánico. Él se ríe—. Estás muy sensible hoy, ¿no?
—No molestes. —me cruzo de brazos, irritada y sin mirarlo.
—Escucha. Tengo que salir. —lo miro instantáneamente—. Quedé con unos amigos. Partido de fútbol americano.
—Vale. —digo.
—Posiblemente llegue tarde. —avisa.
—Tampoco te iba a esperar despierta. —sonrío con inocencia.
—Aburrida. —rueda los ojos—. Te pediré una pizza para que cenes, ya que mi idea de la lasaña se fue al garete.
Me carcajeo suavemente, recordando cómo el idiota se cortó la mano picando cebolla.
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Un Error que volvería a cometer
Teen Fiction¿Qué pasaría si de la nada tuvieras que compartir tu nuevo departamento con alguien por un error de una empresa inmobiliaria? ¿Te lo has preguntado? ¿Y si ese "alguien" es un chico? ¿Qué harías? ¿Y si está guapísimo? ¿Y si está buenísimo? ¿Y si tien...
