Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

En evidencia.

441 33 23
                                        

Lucía.

Con Joaquín decidimos organizar una juntada con varios de nuestros amigos en común, antes de arrancar con nuestra gira por el norte argentino.

La idea inicial era una cena en nuestra casa de Santa Bárbara, pero terminó siendo un verdadero quilombo más que una simple reunión.

—Lucía, dijimos solo 4 amigos y ya vas más de 15, mujer..

—Ay dale, Joaquín. Son pocas las veces que coincidimos todos en Buenos Aires, hay que aprovechar antes de que empiece nuestro nuevo tour.

—Bueno está bien, como digas. Pero me la voy a cobrar.

Luego de decir eso lo miré desafiante y él solo se retiró de la habitación.

Me quedé haciendo la pequeña lista de invitados, y quedó así:

Patricia y Oscar
Marce Morelo y su marido
Sandra y Marita
Marilina y Patricia
Vero Lozano
Ángel De Brito
Yani y Diego Latorre
Diego Ramos
Eugenia y su marido
Jey Mammon
La negra Vernaci.

Me encargué de avisarles a cada uno de ellos, y por suerte todos se encontraban disponibles para el viernes. Así que, sería una velada amena, rodeada de amigos con los que no compartimos hace mucho.

Llegó el día esperado, las compras de la cena ya estaban listas. Sólo faltaba que llegaran Las Elegidas, para que hagamos juntas el asado, ya que ninguno de los hombres sabe hacerlo.

Joaquín.

Conforme iba llegando la gente a nuestra "pequeña" reunión, mi ansiedad iba aumentando. Yo esperaba algo más familiar, más intímo. En realidad, sólo esperaba que vinieran Patricia y Oscar.

Esto de que haya mucha gente en casa, me pone nervioso, porque ya los conozco como son. Hacen lío por acá, hacen lío por allá y dejan todo fuera de lugar, y eso es estresante. Yo necesito ver mi casa prolija siempre.

Las mujeres hacían el asado, mientras los que no participabamos, nos quedamos charlando en la mesa que está junto a la parrilla.

—Que raro que aceptaste esto, Joaquín Galán —Dijo Jey acercándose a mi, en referencia a la reunión con tanta gente.

—Ya sabés las cosas que soy capaz de hacer por ella. —Miré a Lucía.

—Y sí, si sos un cornudo.

Lo empuje y nos reímos al unisono. Seguimos la platica con los demás. Y al cabo de unos minutos, la mujer de mi vida habla en voz alta.

—Que bárbaros que son, ni una copita de vino para las asadoras...

—Ah, pero no somos adivinos para saber que es lo que quieren. —Respondió Oscar.

Yo sin decir nada, me levanté, agarré una copa y le serví a Lucía. Inmediatamente le alcancé la copa.

—Perdón Gachi, acá está tu vinito. 

—Gracias. —Me hizo ojitos. Sabía lo que eso provocaba en mí.

—Claro y las demás estamos de adorno? —Habló Vero y las otras mujeres le siguieron la corriente.

—Ay no, dejen en paz a mi hermanito —Habló Lucía con ese tono de voz peculiar que pone cuando está siendo coqueta y me agarró del brazo.

Seguimos hablando de cualquier otra cosa, y entre copa que va y copa que viene, cuando la comida ya estaba lista, ninguno estaba en sus 5 sentidos. El vino había hecho efecto demasiado rápido.

Y como es costumbre en Lucía, antes de comer, se paró y propuso hacer un brindis.

—Quiero hacer un brindis, por ustedes. Que son mi familia de años, y es un verdadero placer, compartir una vez más todos juntos. Que se repitan estas ocasiones. Salud.

Pimpinela One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora