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Sola con mi soledad

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Lucía

Otro día más de rehabilitación.
Como es de publico conocimiento, me operaron hace 2 meses. No fue nada fácil mi vida desde ese entonces.

Me siento deprimida. Tengo miedo aunque nunca lo comunico con nadie.

Todo me molesta, todo me enoja, nada me viene bien, en fin.

—Amor, necesitas algo más antes de que me vaya? —Habla Joaquín.

—No, necesito que no te vayas en realidad.

—Preciosa, sabés que eso es imposible... Tengo que cerrar nuevos contratos, arreglar las fechas canceladas, etcétera. 

—Básicamente estás diciendo que necesitas ir a arreglar todo lo que arruiné. Está bien, Joaquín. —Me paré del sillón y me puse frente a él.

—Por qué sacas todo de contexto, jamás dije eso. No es tu culpa nada de lo que está pasando, no se puede lidiar con vos.

—Entonces para qué carajos venis todos los días a mi casa. Quedate en la tuya y ya está, ahí no tenes porque lidiar conmigo.

—Dios que paciencia con esta mujer. —Suspiró mirando al techo.

—Correte y déjame pasar. Y de una vez te vas.

—No me voy a correr nada, hablemos tranquilos.

Intenté ignorar al hombre y seguir de largo por mi camino, pero él me lo impidió tomandome de los brazos.

—Escúchame bien, Lucía. Te amo con toda mi alma, por eso vengo acá todos los días, pero no voy a estar soportando que todo el tiempo cambies las cosas que digo, buscas conflicto y armas malos entendidos completamente innecesarios.

—Me estás lastimando, Joaquín. Soltame.

—No ignores lo que te digo, sabés que es la verdad. Por alguna razon buscas pelear conmigo, ya basta.

Apretó más su agarre y al intentar safarme hice un movimiento muy fuerte.

—La puta que te parió, Joaquín.

Volví a sentarme al sillón y me agarré con dolor la zona del abdomen.

Enseguida vi como el hombre cambió su seño fruncido a un rostro lleno de preocupación.

Por supuesto aproveché la situación y saqué mis dotes de actriz, empecé a fingir aún más dolor simplemente para molestarlo.

—Mi amor, perdoname, no era mi intención.

Trató de acercarse a acariciarme pero no se lo permití.

—Graciela no te hagas la difícil, dale. No me quiero ir enojado.

—Entonces no te vayas —Insistí y el rodó los ojos, intentó darme un beso pero lo esquivé, así que finalmente lo dejó en mi frente.

Él se alejó de mí, y de su bolsillo sacó las llaves de mi departamento.

—Te dejo tus llaves, el de seguridad ya me conoce como para abrirme la puerta. Vengo a la noche, si tenes ganas supongo que la abrirás, y sino bueno, me voy.

—Como siempre... —Susurré.

Me miró pero no dijo nada y salió enseguida.

Me puse a llorar apenas cruzó esa puerta, lo peor es que eso incrementaba el dolor abdominal que sentía. Tengo todos los sentimientos a flor de piel, y nadie lo comprende.

Mis amigas me hablan, y solo cuando tengo ganas respondo, estoy muy desanimada.

Tengo tiempo libre, demasiado, y llegué a muchas conclusiones sobre distintos temas.

Pimpinela One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora