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Sarah.
¿Por qué siempre tenían que interrumpir?
Acababa de decirle que me gustaba, y quería decir muchas cosas más para continuar con mi plan de seducirlo. Porque gustarle no era suficiente, él tenía que estar enamorado de mí. Enamorado hasta los huesos.
Pero alguien decidió irrumpir en el momento menos oportuno.
Ivar se había acercado a la puerta, y me giré cuando escuché pasos. Me encontré a un hombre, al que le daba algunos 50 años de edad, y a una mujer de la misma o mayor edad. Ambos estaban sujetos de la mano, como cuando juntas dos muñequitos de Barbie.
— ¿Interrumpimos algo?
Quise decir que si ante la pregunta del señor, pero me mantuve en silencio y sonreí.
Aunque ellos habían interrumpido mi plan, la intrusa parecía yo, ya que ellos habían entrado a la casa, y sin dudas, eran los padres de Ivar. Me sentí como una rueda innecesaria, y carraspee para ganarme la atención de Ivar.
— Es mejor que me retire...
— ¿No vas a presentarte?
La voz de la mujer me pareció chillona. Me recordaba a la voz de mi padre; pero en versión femenina. Le dediqué una media sonrisa y le extendí la mano cuando me acerqué a ella.
— Sarah Foster.
Ella aceptó mi mano y la apretó demás. Ni siquiera extrañé el contacto cuando me soltó. Era tedioso, su simple toque.
— Inés Stoll— dijo con una actitud que no me estaba gustando. Mire a Ivar, quien parecía incómodo con la situación. Y podía jurar que vi un: lo siento en su mirada—. ¿Acaso eres la organizadora de la boda? Oh hijo querido, ¿no me digas que le hiciste caso a Lizzie y la ayudarás con los preparativos de la boda?
Ivar la miró con esa mirada asesina que había visto pocas veces.
Sí. Era una intrusa, y su madre estaba dejando un punto claro. No le agradaba mi presencia, en la casa ni en la vida de su hijo. El nombre de Lizzie resonaba en mi cabeza, y recordé por mi investigación que era la hermana de Ivar.
Pero su madre hablaba con otras intenciones. Tal vez quería hacerme creer que era una intrusa, y que Ivar iba a casarse.
— No señora, no soy una diseñadora. Soy la socia de su hijo.
Fue lo único que se me ocurrió decir. Si íbamos a destruir a Grifols juntos, entonces éramos socios. La mujer sonrió, y vi alivio en su mirada.
— Ah. Es una pena, juro que pareces una diseñadora. ¿A qué te dedicas?
— Diseño edificios...
— Ella es una excelente empresaria, dueña y directora ejecutiva de Máster Foster, la empresa que compite con la nuestra, y que por cierto, va en primer lugar.