Amor

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Sarah

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Sarah.

Estaba en mi escritorio, rodeada de lápices, colores y papeles. Tenía más de una hora trabajando en un plano para un nuevo edificio de oficinas. Una de las reuniones que tenía en mi itinerario fue con el señor Smithson, un hombre de negocios y estuve dispuesta en crearle el modelo para una sede de su empresa en Londres.

Me fijé en cada detalle, las líneas precisas que creaban ángulos perfectos. Estaba inspirada, y no podía ni iba a mentir. Se debía a mis pensamientos sobre Ivar. El hombre de ojos marrones.

No estaba en mis cabales. No tenía razonamiento y él era la razón de eso. Se había metido en mi piel, en mi vida. Me había robado el tiempo, estaba en mi mente, y...

No lo pensaría. No iba a pensar en eso.

Todo era un plan. Lo necesitaba. Necesitaba que se enamore de mí para obtener los terrenos, pero sentía que estaba en un punto perdido. No tenía los terrenos, y estaba perdiendo mi corazón. Él se lo estaba ganando. Ese hombre simple, pero tan guapo. Ese hombre de ojos oscuros, y de sonrisa radiante.

No sabía qué hacer. Teníamos una cita en menos de una hora, y no sabía si iría. Le había confesado que me estaba enamorando de él. Y luego, en la entrevista también lo había dicho, aunque no mencioné su nombre.

Mi celular comenzó a sonar en un momento de tranquilidad, anunciando una llamada de Cesar. Lo mire por un rato antes de responder, y al final, termine accediendo.

— ¿Todo bien?— escuché su pregunta con atención. Su tono era preocupado.

— Sí.

— Siempre contestas al segundo, cuando es algo importante, obvio.

Lo había olvidado por completo. Le pedí a Cesar tres días atrás que investigara a Grace. No tenía nada en su contra, pero era mejor ser precavida.

Ella estaba obsesionada con Ivar, y una mujer obsesionada podría ser peligrosa.

— ¿Qué tienes?

— Cosas muy interesantes. Pero es mejor hablar en persona.

Suspire y asentí aunque él no tuviera la capacidad de verme. Podría imaginar que me imagino asintiendo, porque era algo que siempre hacía cuando hablaba con alguien por llamada. No podía alejarme de ese hábito.

— Bien. Nos vemos a las 8.

— Nos vemos a las 8.

No le di tiempo a decir nada más. Y sí. Había decidido no presentarme a esa cita con Ivar. Estaba perdiendo, y eso me desesperaba. No me gustaba perder, y mucho menos, cuando mi corazón y mis sentimientos estaban en juego.

Aunque le había confesado que estaba sintiendo algo por él, no podía estar enamorada de Ivar Stoll. Y si lo estaba, tenía que encargarme de ocultarlo muy bien, hasta lo que sea que estuviera sintiendo desapareciera.

El Juego de SarahHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora