Capitulo 4

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El verdadero amor no es la ausencia de conflictos, sino la habilidad de resolverlos juntos

Conflictos y amor.

Altagracia

— Nunca pensé que te vería aquí —dice Amelia, sentándose al lado de la abogada.

— ¿Por qué? —pregunta extrañada por esas palabras—. Eres mi cuñada y mi esposo estaba muy afectado; no podía dejar que vinieras solo... Somos familia ¿No es así?

— Te preocupas demasiado por una familia que no tienes. —le sonríe con falsedad, Altagracia respira intentando mantener la calma—. Mi madre me dijo que dejaran de intentarlo —eso llama la atención de la rubia, quien voltea a verla sin entender por qué saca eso a colación—. Es una lástima —se acaricia el vientre, del cual sobresale una pequeña protuberancia.— Perderás algo importante, y por ende mi hermano quien desde siempre soño con eso.

— Son cosas que suceden; lo intentamos por años y no pudimos, entramos en un círculo vicioso que nos termino desgastando así que por nuestro bienestar es mejor desistir. No podemos luchar contra el destino —finge restarle importancia con esas palabras, aunque por dentro le duele esa grieta que creía cerrada—. Quizás no nací para ser madre.

— Lo repito, es una lástima. No sabes lo indescriptible que es sentir esa vida moverse dentro de ti, cómo logras ver sus pequeños pies en tu piel y la sensación de mirarse por primera vez a los ojos después de tantos meses esperándolo. Es una pena que no puedas experimentarlo...

— ¿A dónde quieres llegar, eh? —pregunta con molestia, sus palabras la estaban hiriendo y ya tenía suficiente con su conciencia repitiéndole una y otra vez que no sería madre.- No necesito que me lo recuerdes y mucho menos que sientas lastima por mi, es verdad no puedo ser madre, pero tampoco es el fin del mundo.

— Quizás para ti no es el fin del mundo, pero los hijos es algo importante en un matrimonio, tener descendencia es lo que los hombres más desean y más si son varones pues su apellido prevalecer. -la observa a los ojos.- Una mujer como tú no debería seguir con mi hermano. José Luis adora a los niños y uno de sus mayores sueños siempre ha sido ser padre, pero tenías que ser tú, precisamente tú, una mujer que no pudo mantener a su propio hijo en el vientre con vida.

— Callate. -se levanta para irse.

— ¿Qué? —pregunta con burla mientras la sostiene del brazo.— ¿Duele la verdad? —suelta una risita.

— Tu hermano está a mi lado, porque me ama, no necesitamos un hijo para saber lo que sentimos el uno por el otro. José Luis es libre de irse cuando quiera y buscar a esa mujer que le de hijos pero que crees, tu hermano me ama a mi, me ama tanto que cuando le pedí el divorcio se nego. —si bien era cierto que anhelaban un bebé, no iba a permitir que las palabras de Amelia la dañaran, era consciente de que jamás había sido moneda de oro para su cuñada.

— Muy abogada, muy exitosa, la mejor en todo, la más abogada más buscada y la que tiene el mejor número de casos ganados, muy señora, muy esposa, muy todo pero no eres una mujer completa, Eres como una de esas plantas que solo sirven para dar sombra; para adornar y ser el centro de atención, no eres mas que una persona bonita seca por dentro, no sabes cuánto ruego porque a la vida de mi hermano llegue la mujer adecuada, que si pueda cumplir sus sueños y te deje por ser una... -Un fuerte estruendo resonó en el lugar cuando Altagracia abofeteó a su cuñada embarazada ante todos. Sus ojos estaban rojos por las lágrimas y la rabia.- ¡Estás loca, estoy embarazada! -sollozó con fingida inocencia.

— Altagracia —la voz de José Luis la hace recordar el lugar donde estaba y la estupidez que cometió—. ¿Qué te pasa? —la toma del brazo—. Pudiste haberle hecho daño.- la desconfianza en sus ojos dolió más que cualquier cosa.

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