Capitulo 14

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Las cicatrices en el alma duelen más que aquellas que se ven, y muchas veces ese silencio gritas las palabras que desean ser escuchadas.

Escape de la realidad.

José Luis

Un par de días después, la tranquilidad que había regresado a la casa de los Navarrete se vio interrumpida. José Luis, sentado en su escritorio, recibió el correo enviado por el médico con el resultado de laboratorio del examen toxicológico. Al momento de leerlo, sintió cómo su corazón se aceleraba, cada latido resonando en sus oídos como un tambor inquieto. La pantalla brillaba con la confirmación de que Frida había consumido drogas.

Se sentó en una especie de trance, tratando de procesar la información. Las palabras danzaban frente a sus ojos, pero el peso de su significado lo aplastaba. Mientras leía el informe una y otra vez, su mente divagaba entre el deseo de confrontarla y el temor a perderla.

¿Desde cuándo las consume? ¿Cuando entro a ese mundo y el no se dió cuenta? ¿Que la llevo a probar esa porquería? ¿Cómo podría sentarse a hablar con ella sin que se sintiera mal? La idea de que pudiera negarlo lo aterraba aún más. ¿Y si ella simplemente se defendía o, peor aún, se cerraba completamente?

Altagracia, que había estado frente a el leyendo un libro de mitología griega, lo observaba con el ceño fruncido. La preocupación en su rostro era palpable; conocía bien a su marido y podía ver que algo lo consumía por dentro. Finalmente, él soltó un suspiro profundo y le entregó el celular con la prueba.

-Positivo -dijo, pasándose las manos por el cabello en un gesto de frustración y desesperación. Altagracia tomó el teléfono y leyó el mensaje, sintiendo cómo se le encogía el estómago al comprender la magnitud de la situación, ella tenia la sospecha pero muy en el fondo esperaba equivocarse.

- Esto es grave. -murmuró, levantando la vista hacia José Luis.- Es gravísimo.

- Lo sé mi amor. -se paso las manos por el cabello con frustración.- Altagracia, mi hija en esas porquerías ¡Es solo una jovencita!

- Oye, hey calma. -le da un apretón de mano.- Actuando de esta manera no solucionará nada. Debemos pensar con cabeza fría para poder abordar el tema con Frida.

- ¡Chingada madre! Es que hubiera preferido mil veces que me llegará con un "Papá estoy embarazada y no se de quien es" porque al final de cuentas pues si, hubiera tenido sexo y fuera mamá muy joven pero hasta ahí.

- José Luis, calma por favor. -se levanta para ir a su lado.- Escúchame...

- Quiero hablar con ella.-la interrumpe-. Pero tengo miedo de cómo reaccionará. No quiero que se sienta atacada o avergonzada.

- Entiendo tus preocupaciones pero también necesitas ser honesto con ella. Esto no es solo sobre ti; es sobre su bienestar o ¿que esperas? ¿que se vuelva una adicta? Amor, el problema debe atacarse de raíz antes de que sea muy tarde, buscaremos ayuda profesional.

-Tienes razón -respondió José Luis, su voz temblando un poco. Se pasó la mano por la cara, intentando asimilar la gravedad de la situación-. Pero, ¿cómo se lo digo? No quiero que se sienta sola en esto.

-No estás solo en esto; podemos hablar con ella juntos. Vamos para que pienses un poco -le da un beso. Altagracia y José Luis salieron del despacho, el ambiente se sentía tenso. Mientras caminaban por el pasillo, José Luis no podía evitar pensar en el resultado del examen toxicológico. Amparo estaba abriendo la puerta justo cuando estaban por buscar a los gemelos.

El rostro de la muchacha estaba dolorido y las marcas en su piel no pasaron inadvertidas para Altagracia. Notó cómo esas manchas adornaban sus piernas y mejillas, y parecía que el simple acto de caminar le causaba dolor. La expresión en su mirada era una mezcla de rabia y tristeza, como si hubiera estado lidiando con una batalla interna que había dejado cicatrices visibles.

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