Capítulo 34

657 51 13
                                        




-no por favor, no.—grité mientras el látigo retumbaba en mi espalda haciéndome soltar un grito de dolor.

-eres una desgracia para nuestro hermanos.—gritaba molesto Raguel mientras nuevamente el látigo golpeaba mi piel desnuda.—tú y todos los que son como tú deben morir.

-por favor..—las lágrimas corrían y corrían sin parar por mis mejillas, ardor, dolor, picazón era lo que mi piel gritaba. No podía soportarlo más, simplemente no sabía ni cómo aún lograba mantenerme en pie.

-mereces morir..—susurró el cerca de mi.—te arrancaremos todo de tu vida, tu familia, tus alas, tu vida no será lo mismo después de esto. Haremos que sientas en vida lo que es la traición. Te haré sufrir hasta el día que me olvide la cochinera que has hecho.

-yo no hice nada..—grité molesta y el río y nuevamente el látigo chocó contra mi cuerpo.—amar no es pecado.—dije en apenas un susurro.

-¿amor?.—rio.—el solamente te va a usar y después te dejará tirada como siempre hacen. Ellos son una desgracia hasta para su propia raza, crees que de verdad te ama.—volvió a reirse.—nadie quería a una traidora como tú.

-yo no soy una traidora..—grite y sentí como todo a mi alrededor comenzó a dar vueltas y vueltas haciéndome cerrar los ojos pero cuando los volví a abrir noté que estaba en el medio de un bosque completamente oscuro. Intenté levantarme pero mi cuerpo dolía demasiado. Intenté abrazarme a mi misma intentando tapar mi desnudes. ¿Donde estaba?, ¿que había pasado?.

-!Laia!.—su voz inmediamente hizo que me girara pero no había nadie.—!Laia!.

-!Axel!.—grité intentando buscarlo pero no había nadie, solo los árboles agitándose de un lado a otro.

-!Laia!.—volvió nuevamente a gritar pero no había nadie. Lágrimas comenzaron a caer mientras la impotencia crecería en mi.—¿dónde estás Laia?.

-!Axel!.—grité y comencé a tratar de buscarlo pero me detuve al ver que choque contra alguien. Levante mi mirada y inmediatamente retrocedí. Tenía ojos completamente amarillos mirándome con deseos, entonces recordé quién era el. Inmeriamente intenté correr pero su mano fue más rápida y me tomó del cuello como si fuera una pluma y me levantó del suelo impactándome contra un árbol.

-te dije que un día serías mía..—dijo el dejando salir una risita y yo no podía ni moverme porque entre el dolor y la fuerza de su brazo no podía moverme.

-suéltame..—intenté pedir y el negó suavemente.

-eres mía ahora..—dijo nuevamente acercándose a mi y yo negué.

-soy de él..—dije en un susurro y el negó.

-el te vendió a mi..—dijo y yo negué rápidamente.

-el no haría eso.—dije el soltó una carcajada y me dejó caer al suelo, intenté recuperar la respiración y cuando miré nuevamente hacia arriba no solamente estaba el, también estaba Axel mirándome con una risa en su rostro.—!Axel!.

-ya no eres mía..—dijo el en una carcajada.—solamente te usé, quería hacer saber que se sentía tener entre mis manos a una angelita y ya no te necesito.—dijo el y de mi boca no podía salir ni una sola palabra o más bien las lágrimas no me impedían decir nada.

-ahora es mi turno saber que se siente..—dijo el otro en medio de una carcajada pero no solo el río si no también Axel dejó salir una carcajada.

-no,no.—intenté decir mientras el se acercaba hacia mi para tomarme en sus brazos. Intenté safarme y gritar entre lágrimas y dolor. No, no esto no era cierto. No, no.—no, déjame, no me toques.

LAIADonde viven las historias. Descúbrelo ahora