Una vampira y un licántropo alfa, una alianza entre acérrimos enemigos, ¿Qué podría ser peor?
- Adaptación a los personajes de Naruto
- Protagonistas Naruto y Hinata
- La historia imágenes y personajes no me pertenecen, créditos a sus respectivos au...
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Naruto antes pensaba que los ojos de todos los vampiros eran iguales. Puede que se equivocara.
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La actualidad
—¿Por qué Hinata? en el idioma humano ese nombre significa Miseria, ¿Quién te llamó así, tus padres?
No me considero una persona sensible. Normalmente, no me parece mal que la gente insinúe que soy una vergüenza para mi familia o mi especie, pero sí que pido una cosa: que no me lo restrieguen por en la cara.
Pero aquí estoy. Con el gobernador Sarutobi. Con los codos apoyados en el balcón que da al patio donde acabo de casarme. Reprimiendo un suspiro antes de aclarar:—El consejo.
—¿Disculpe?
Determinar el grado de embriaguez de los humanos nunca es tarea fácil, pero estoy bastante segura de que el gobernador esta bastante ebrio.
—Me ha preguntado que quién me puso el nombre. El consejo.
—¿No fueron sus padres?
Niego con la cabeza.
—La cosa no va así.
—Ah. ¿Hay... rituales mágicos de por medio? ¿Altares ceremoniales? ¿Videntes?
Típico de los humanos: suponer que todo lo que les es ajeno debe de tener relación con lo paranormal y lo arcano. No hacen más que alimentar sus mitos y leyendas, en las que los vampiros y los licántropos son criaturas mágicas capaces de echar maldiciones y llevar a cabo actos místicos.
Nos creen capaces de ver el futuro, de volar, de volvernos invisibles. Como somos diferentes, piensan que nuestra existencia se rige por fuerzas sobrenaturales y no por lo mismo que se rige la suya: la biología.
Y puede que un par de leyes termodinámicas.
Sakura también era así cuando nos conocimos.
—¿Entonces los crucifijos no te achicharran? —me preguntó un par de semanas después de que empezásemos a vivir juntas, tras no lograr convencerla de que el líquido rojo y viscoso que guardaba en la nevera era zumo de tomate.
—Solo si están supercalientes.
—Pero sí que odian el ajo, ¿no?
Me encojo de hombros.
—La verdad es que no solemos comer comida, así que... ¿supongo?
—¿Y a cuántas personas has matado?
—A ninguna —le dije horrorizada—. ¿A cuántas has matado tú?