Una vampira y un licántropo alfa, una alianza entre acérrimos enemigos, ¿Qué podría ser peor?
- Adaptación a los personajes de Naruto
- Protagonistas Naruto y Hinata
- La historia imágenes y personajes no me pertenecen, créditos a sus respectivos au...
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Naruto intenta no pensar en lo que le haría al padre de ella si no fuera porque provocaría el peor incidente diplomático del siglo.
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Shina tenía razón: subir al tejado no es tan difícil, ni siquiera para alguien con la coordinación visomotriz de un ornitorrinco.
O sea, yo.
Tardo menos de quince minutos en llegar y el hecho de que en ningún momento haya tenido la impresión de que fuera a acabar con los sesos espachurrados en el parterre de jazmines resulta ligeramente empoderante.
En cuanto me encuentro sentada sobre las tejas, algo incómoda pero negándome a reconocerlo, cierro los ojos y tomo profundas bocanadas de aire, dejando que la brisa juguetee con mi pelo, agradeciendo las cosquillas del cielo nocturno.
Las olas acarician la orilla. De vez en cuando oigo algún que otro chapoteo proveniente del lago. Ni siquiera me importa que haya bichos, me digo. Si le pongo ganas, al final me lo creeré. En esas estoy, aunque sin conseguirlo, cuando llega Naruto.
No advierte mi presencia de inmediato, por lo que puedo observarlo mientras se encarama con elegancia al alero del tejado. Se queda plantado en el borde, cosa que no sé cómo no le da miedo, y se aprieta los ojos con el pulgar y el índice con tanta fuerza que debe de estar viendo estrellitas. Acto seguido, deja caer el brazo y exhala lentamente.
Este es el Naruto de verdad, pienso. No Naruto el alfa, ni Naruto el hermano, ni Naruto el amigo ni el hijo ni el desdichado marido de la igualmente desdichada mujer. Naruto a secas. Cansado, me parece a mí. Aislado, diría yo. Cabreado, al cien por cien. Y no quiero perturbar uno de sus escasos momentos de paz, pero la brisa se levanta y le lleva mi aroma.
Se da la vuelta al instante. Hacia mí. Y cuando sus ojos se tornan todo pupila, levanto la mano y lo saludo incómoda.
—Shina me habló del tejado —explico a modo de disculpa. Estoy importunándole el momento a solas—. Puedo marcharme...
Niega estoicamente con la cabeza y yo reprimo una risa.
—Si te sientas aquí —señalo a mi derecha— me taparás el viento y no tendrás que aguantar el olor a comida rancia.
Los labios se le contraen, pero se dirige al lugar que le señalo. Dobla su enorme cuerpo y se acomoda a mi lado, a suficiente distancia para evitar roces accidentales.
—¿Qué sabrás tú del olor a comida rancia?
—Pues nada, porque la comida no está hecha a base de hemoglobina ni de cacahuete. Bueno. —Doy una palmada. Las cigarras se callan de golpe y luego reanudan su canto tras una breve y confusa pausa.
»—. A ver si acierto: vas a aprovechar tu reunión con Mei para colarle algún programa de spyware o algún rastreador que te permita controlar sus comunicaciones y encontrar pruebas de que está al frente de los Leales. Pero tienes los conocimientos informáticos de un viejo anti tecnología de ochenta años y encima vas a entrar solo en territorio enemigo, lo que supone un gran riesgo. La verdad, no hace falta ni que me lo confirmes, sé que tengo razón. ¿Y cuándo tenías pensado lanzarte de cabeza a la muerte? ¿Mañana o el viernes?