Capitulo 25

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               Al despertar pudo sentir sus pies fríos debido a que, en algún punto mientras dormía, debió despojarse de la delgada sábana con la que cubría su desnudes. La noche anterior pudo darse una ducha rápida antes de recostarse para no sentir su cuerpo sudado sobre las sábanas, y pese a no sentir aquellas sábanas realmente sucias, recordó que pese a su ducha nocturna olvidó cambiar la ropa de cama, así que de cierta forma igual durmió sobre su sudor.

No era para tanto de todas formas, siendo muy técnicos al respecto, el simple acto de dormir causaba que las personas sudaran en días calurosos como ese... aunque esa noche en particular fue bastante fresca. El punto es que despertó de muy buen humor, incluso podía sentir su cuerpo ligero, no era para menos tomando en cuenta que liberó muchas tensiones la noche anterior.

Estiró su cuerpo al máximo, llevando al límite sus extremidades, aprovechando que su acompañante parecía haber despertado antes y salido de la cama, o de la habitación en realidad, pues no podía oír ruido desde el baño. Seguramente el estaría en la cocina tomando un café o quizá en la sala viendo la televisión. Al menos sabía que él no estaba en el baño defecando, pues por alguna razón él tenía la costumbre de hacer aquello viendo videos en su teléfono a muy alto volumen.

Con una risilla nerviosa expresó la vergüenza que sintió al recordar las cosas alocadas que llegó a hacer con él en el pasado, en ese momento en específico recordó como de insistente fue para compartir el baño con él mientras defecaba. Solía ser una chica muy rara, y no es que le gustara el aroma de aquel desecho, tampoco que le gustara verlo, pues no quiso verlo, ella solo quería ver a su chico en una situación muy íntima, tanto como lo era defecar, pues en su entonces retorcida mente, eso significaba que se estaban vulnerando y entregando por completo el uno al otro.

Volvió a soltar una risilla nerviosa mientras se ponía de pie y se dirigía al baño con la intención de darse una ducha matutina antes de ir a desayunar, esta vez recordando el tipo de peticiones que solía hacerle a su chico. Vaya que era una persona horrible por obligarle a hacer cosas tan... peculiares. Pero aun así no se arrepentía, hicieron cosas tan íntimas entre ellos que no había forma de que alguien más que su chico pudiera entenderla a estas alturas. La mejor muestra de ello era la excelente noche que pasó ayer en su compañía, ya que después de tantos años y tantas memorias, él conocía cada rincón de ella a la perfección.

En realidad ella no necesitaba de él para sentir placer, podía conseguirlo por sí misma, pero la interacción tan íntima con él en aquellos encuentros era insuperable. La textura de sus labios, el sabor de su aliento, la temperatura de su piel, su mirada intensa, todo de él en esos momentos pasionales era tan diferente de como normalmente lucia que la emocionaban mucho.

Trató de disfrutar sus recuerdos de ese encuentro carnal mientras se duchaba, pero recordar cómo empezó esa noche le causó algo de remordimiento.

Ahora fresca y aseada, tomó un conjunto de ropa interior y después se cubrió con una camisa vieja y holgada que cubría el también viejo y holgado short que se puso. Recogió se cabello en una cola de caballo totalmente desprolija ya que no estaba dispuesta a dar el menor de los reparos a su apariencia, no por ahora, después de todo él la ha visto en sus peores momentos y la conoce por completo, jamás se alejaría por verla sin maquillaje y usando un peinado poco común en ella.

—¿A qué hora despertaste?— le preguntó ella al verlo en la mesa del comedor revisando su teléfono mientras bebía de su tasa lo que fácilmente podía intuir era café.

—No sé, fue hace una hora o un poco más.

—Debiste despertarme.

—Nah. Hoy tienes el día libre, está bien si duermes hasta la tarde. Deberías descansar para variar, si no lo haces esas ojeras jamás van a desaparecer.

Mientras Las Hojas CaenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora