Capitulo 30

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               Aunque ella estaba ya muy lejos de la definición de una niña, y en general le molestaba que la confundieran con una debido a su aspecto, y en parte también a cierta parte de su idiosincrasia, lo cierto es que en situaciones como esa no le molestaba actuar de forma algo infantil. Estaba acompañada de sus sobrinos después de todo, y aunque con algunos la diferencia de edad no era tan marcada, estando todos juntos eran un manojo de travesuras y conductas desenfrenadas, las cuales ella dejaba que le influenciaran.

Llevaba de la mano a sus sobrinas más pequeñas, mientras el resto de niñas y el par de no tan pequeños le ayudaban manteniendo al grupo junto y alejado de los accidentes mientras transitaban por aquel paramo dentro del bosque. Habían entrado a través del viejo parque porque querían hacer aquella caminata exploratoria, la cual no era demasiado extensa, antes de toparse con la ruta de senderismo, la cual seguirían para llegar al mirador que dejaba ver aquel abismo de diecisiete metros de diámetro y ciento treinta y siete metros de profundidad, donde habitaban una curiosa especie de golondrinas muy pequeñas y un grupo gigantesco de murciélagos endémicos de aquel lugar. O al menos eso es lo que decía la placa informativa que estaba también en ese mirador.

Estando ahí no verían nada, pues aquellas aves salían por la madrugada en parvada, mientras que los murciélagos lo hacían hasta pasado el atardecer, lo que dificultaba interpretar sus cuerpos entre la oscuridad y la turba que creaban. Pero ellos no estaban ahí para aquel espectáculo natural, solo les importaba dar el paseo y ver aquel abismo que tenía ese bonito nombre dado por el gobierno.

Notando la expresión de la más pequeña de sus sobrinas, Lily la cargo en brazos y le ayudó a ver el lugar por encima de la baranda que impedía acercarse demasiado a aquel sótano. Ella no miró en absoluto el paisaje natural, por el contrario estaba atenta a los rostros de sus sobrinos, medio embelesada por cómo es que su familia había dejado de ser una grande hacía mucho tiempo, y terminó por convertirse en una enorme.

—¿Qué me vez?— preguntó con cierta molestia el mayor de los sobrinos, retando a su tía a quien difícilmente veía de esa forma gracias a la no tan relevante diferencia de edades entre ellos.

—¿Qué te importa?— le respondió Lily, refunfuñando de manera juguetona mientras se alejaba con su sobrina en brazos.

Se preguntó si es que alguna vez ella fue así con sus padres o sus hermanas, pues de ser el caso no podría evitar sentirse avergonzada. Los pubertos eran, sin lugar a dudas, muy molestos y difíciles de tratar. Pero aunque los quería mucho, todos y cada uno de sus sobrinos, desde el más pequeño hasta el más mayor, le hacían pensar en las pocas ganas que tenía de ser madre algún día. Aunque, viendo a la hija de su hermana, la gemela mayor, creía que no era tan malo después de todo. Esa niña, pese a ser tan débil y cansarse con tanta facilidad, era increíblemente juguetona y divertida. Y debía admitir que cuando estaba agotada se veía también muy linda, como justo se mostraba en sus brazos en esos momentos.

***

—Lamento haberlos hecho preocupar— con arrepentimiento, Lily dijo aquello, sintiéndose incómoda por la forma en que esa conversación había avanzado, especialmente por la presencia de la mayor de todas sus hermanas.

—Mas te vale enana— le respondió aquella mujer rubia que, pese a los años transcurridos, seguía siendo la alfa de entre la descendencia—, en verdad no entiendo porque hiciste algo tan estúpido. Siempre pensé que eras alguien más sensata.

—No te preocupes princesita— mientras le daba un suave abrazo lateral para reconfortarla, su padre le expresó aquellas palabras.

—Ya basta— con autoridad, la madre exigió—, no arruinen esto discutiendo, ya son todas adultas, aprendan a comportarse y pasar al menos cinco minutos sin echarse cosas del pasado en cara.

Mientras Las Hojas CaenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora