Capitulo 50

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               Aunque el inicio de su relación había sido poco normal, puede que, hasta algo antinatural en ciertos aspectos, Lincoln no podía evitar sentirse abatido en esos momentos. Se había esforzado mucho por tartar de balancear las cosas en su vida y darle cierta prioridad a su relación, pero claramente las cosas no estaban funcionando.

No era tonto, o puede que sí, pero no tanto como para no notar el cambio en Lily casi en el momento en que ocurrió. Pero no podía culparla por ello, al contrario, ella era, indudablemente, una victima de como Anna y él habían decidido hacer una locura de la cual, además de todo, fueron tan sínicos y desvergonzados como para incluir a Lily.

Tenia que admitir que al inicio dudó, y lo hizo bastante, pues, aunque Lily aceptó aquello con mucha facilidad, él no dejaba de pensar en lo complicado que podría resultar todo. Sin embargo, Lily se mostraba tan emocionada con el tema, tas despreocupada por las implicaciones, que Lincoln simplemente bajo su guardia y dejo de dudar.

Aunque la vio incomoda al principio, Lily parecía emocionada cada vez que Anna hablaba con ella sobre el embarazo, sobre como ocurriría, sobre todo lo que implicaba, incluso parecía que Lily tenia algunas cosas que aportar al respecto. En cierta forma era adorable ver a Lily emocionada por la llegada de un bebé que, a términos concretos, no tendría nada que ver con ella. No seria su familia política, mucho menos consanguínea, seria un hijo producto de una aventura que ella misma estaba permitiendo.

Pero ese era el problema, que lo permitía, y ese permiso fue el que ablando a Lincoln, contagiándolo con aquella despreocupada forma de pensar que Lily tenia sobre el tema, y haciéndolo creer que no habría problemas. Pero, ¿Qué podría saber sobre esas cosas una niña?

Ella ni siquiera había tenido un novio formal antes de Lincoln, por lo que él escuchó de voz de la propia Lily, su único interés amoroso antes de él fue un chico en la secundaria, al cual realmente no llegó a convertir en su novio porque su familia se entrometió y lo ayuntó. Era una chica joven, muy joven, que había crecido cobijada por su familia y viendo el mundo a través de lo que a Lincoln por momentos le parecía una burbuja.

Ya se sentía culpable por hacer de Lily su novia, sabiendo que ella era menor de edad y algo infantil, más aún después de que perdiera el control sobre si mismo, cediendo a su lujuria y robando la que después supo fue la primera vez de Lily. Pero ahora también la había sumergido en lo que parecía ser una angustia bastante profunda.

Y lo notó desde el primer día. Aunque antes de despedirse de ella aquel día todo parecía estar bien, de inmediato al día siguiente pudo ver en ella un cambio. Ella estaba mas callada, incomoda en su presencia, tensa, casi parecía que estaba caminando sobre cascaras de huevo a su alrededor, temiendo hacer algún ruido y arruinar las cosas. No pudo evitar sentirse de esa misma forma también, temiendo que ella terminara por disolver su relación por culpa de lo que hizo.

¿Cómo es que Lincoln creyó que era una buena idea hacer eso? Estaba en una relación y fue a acostarse con otra mujer, una mujer con la que tenia una historia muy larga y también romántica, una mujer que le estaba pidiendo un hijo... un hijo que cambiaria inevitablemente no solo la relación con Lily, sino con cualquier mujer con la que se relacionara en el futuro, con cualquier persona.

Se esforzó por cambiar las cosas, y aunque lo mas sencillo habría sido hablar directamente, tenia miedo de enfrentarla de inmediato, no quería que esa forma incomoda en la que reaccionaba al estar cerca suyo terminara por desbaratar su relación al intentar hablar sobre ello. Por eso pensó en darle un poco de espacio, solo un par de días, lo suficiente para ver si era correcto hablar del tema. Pero Lily no cambió su actitud y fue entonces que Lincoln pensó que sería una mejor opción bombardearla con amor.

Era una estupidez, pero no pudo imaginarse otra forma de hacerlo, llenarla de afecto, de detalles, de momentos que le hicieran ver a ella cuanto es que él en verdad la quería y cuan comprometido estaba con la relación. No puede decir que aquello funcionó, pero lo cierto es que eso tampoco falló, después de todo, algunos días al menos, Lily se veía receptiva al afecto, incluso feliz, más abierta.

No solo eso, conforme los días pasaban, Lily estaba cada vez más alegre, más normal, volvía a ser poco a poco la misma que fue antes de que Lincoln pasara la primera noche con Anna. Hacia tiempo incluso que Lincoln pudo hablar sobre el tema con ella, en busca de solucionarlo, pero nunca encontró el momento ni el valor para hacerlo.

Dudó bastante sobre si era correcto hablarlo, pues Lily no expresó nunca cuales eran sus preocupaciones, y temía que, si ella estaba volviendo a ser la misma a base de ignorarlas, recordárselas solo haría que todo terminara. Pero no hablarlo solo era una forma de huir, después de todo dentro de poco Anna estaría en sus días fértiles de nuevo y le pediría a Lincoln pasar la noche juntos otra vez.

Por eso decidió que ya no podía posponerlo más, este era su día libre y se esforzó por mostrarle a su pequeña novia cuanto la quería una vez más. Le preparó un desayuno delicioso y también vistoso, juntos fueron a la escuela y pasaron ahí sus estudios y tiempo libre hasta salir. Como sorpresa la llevó a la ciudad vecina, donde estaba ocurriendo un pequeño festival musical durante esa semana, y aunque no estuvieron atentos a la música en absoluto, disfrutaron pasear por la ciudad que estaba completamente entregada en adornos y vendimia relacionada con aquel festival.

Agotados ambos de estar rodeados por tanta gente, Lincoln la llevó a cenar a un restaurante donde había reservado una mesa en la terraza del segundo piso, con vista a las luces de la ciudad nocturna, lo cual creyó era un ambiente romántico. Todo hacia ver que ella estaba bastante feliz, disfrutaba de todo aquello, y aunque eso significaba arruinar su humor, Lincoln pensó que, al regresar a casa, tras descansar un poco, podría ponerse serio y al fin abordar aquel escabroso tema.

Nada le hizo estar alerta, nada le dio un aviso, nada le mostró que aquello podía ocurrir, si acaso pensó que seria él quien podría arruinar el ambiente entre ellos cuando decidiera hablar, pero en cuanto entraron a la casa de Lily, ella lo tomó de la mano y lo llevó en silencio hasta el comedor, donde lo hizo sentar.

Una ves que ella estuvo frente a él, Lincoln sintió un vacío en el estomago y sus hombros cayeron abatidos, casi tanto como sus ánimos, pues con una mirada seria y decidida, Lily soltó aquellas palabras: "Tenemos que hablar".

Mientras Las Hojas CaenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora