Emma
Los tacones de Sara resuenan bajo la mesa, una, otra, otra y otra vez.
—Relájate —le pide Sofía.
—Estoy relajada —masculla.
Desconozco la razón de su desespero. Desde que llegamos al restaurante no ha dejado de retorcerse.
—Al menos deja de ensartarle las uñas a Emma —dice mirando mi mano, la cual Sara no ha soltado desde hace media hora.
—Lo siento —susurra aflojando su agarre.
—¿No tendrían que estar ya aquí? —le pregunto.
Robert, el... bueno, el interés amoroso de Sara, vendrá junto con unos amigos; quizás por eso esté tan nerviosa. Pero ella ya conoce a todos, no la entiendo.
—Supongo que se les hizo tarde —se encoge de hombros, no muy convencida—. ¿Y Matías? —me la devuelve.
En la última persona que quiero pensar es en él.
—¿Qué?
—¿Qué pasa si viene a pedirte que seas su novia? —Sara me mira realmente preocupada.
—Espero que eso no pase —admito—. Y si lo hace, me negaré.
—¿Por qué? Es... guapo —se une Sofía.
—No digo que no sea guapo, pero... no lo sé, Matías no es el tipo de hombre con el que quiero estar.
—Quizás te sientes así porque apenas se están conociendo —sugiere Sofía.
—Lo poco que llevo conociendo de Matías no me gusta; aunque aparentemente no lo parezca, es grosero, egocéntrico y seguramente otras cosas peores.
—¿Pero sí vendrá? —se cuestiona Sara.
—Supongo. Dijo que se había retrasado un poco y que lo esperara afuera. Ojalá y no viniera —susurro.
—Qué mala suerte que quiera verte justo hoy —menciona Sofía—. ¿Qué querrá?
—No lo sé. Yo realmente no lo quiero ver...
La poca tranquilidad que queda en mí se esfuma al ver la expresión de Sara, que vuelve a enterrarme las uñas. Alzo la mirada hacia adelante y me quedo pasmada al ver a cierto chico raro entrando al bar.
¿Otra vez?
¿Qué hace aquí? Se suponía que nunca lo volvería a ver.
¿Y por qué viene con Robert?
—¿Ellos son los amigos de Robert? —le pregunta Sofía con sorpresa.
—Sí. Emma, mira al pelinegro —chilla Sara.
No tiene que pedirlo.
Cuando él alza el rostro, su mirada cae sobre nuestra mesa. Sobre mí.
Dios. ¿Cómo desaparezco?
—El castaño de ojos verdes es Thomas —susurra Sara con rapidez—. El pelinegro es Maximilian.
Creo que debí contarles lo que pasó ayer. Bajo la mirada al ver lo cerca que están.
Emma, piensa, ¿qué haremos? Yo sugiero que lo enfrentemos y, de paso, lo besuqueamos.
Quiero vomitar.
El cuerpo se me congela al ver sus pies detenerse enfrente de la mesa.
Alzo la cabeza con lentitud, recorriendo su cuerpo. El negro le sienta tan bien. Pero ese no es el punto.
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El arte de apreciar
Romance(Primer libro de la bilogía "Artes") Todos sus problemas se esfuman al ver el cielo.
