Capítulo 29: Timeless

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Emma

¿No hay más para nosotros? ¿Nunca lo habrá? ¿Nos volveremos solo recuerdos?

Suelto un suspiro.

Pueden pasar muchas cosas, y quizás, en alguna de ellas, volvamos a ser nosotros.

Creo que ninguno podrá olvidar al otro, aunque los sentimientos cambien, sé que me llevará en una parte de su corazón, así como él estará en el mío.

Los recuerdos son memorias de un pasado, anhelos de un posible futuro y un regalo para el presente. Hemos vivido mil cosas que el tiempo no podrá borrar. Nunca.

—¿Ya?

Volteo hacia mi costado al escuchar a Daniel, ignorando el ruido de los clientes.

—¿Ya qué? —pregunto, confundida.

Aprieta los labios, mirándome.

—Me estabas ignorando.

—Lo siento, ¿qué decías? —me centro en él.

—Olvídalo. Pero… ¿cuándo?

—¿Cuándo se va?

Asiente.

—En dos días.

—¿Y tú cuándo te vas?

—Mañana.

Daniel pincha mi mejilla, dedicándome una sonrisa reconfortante.

—Sabes que las cosas hechas para ser, suceden, y las que no, ni siquiera existen. Hay algo entre tú y el señor boxeador que ni siquiera ustedes entienden; por algo se conocieron. De otra manera, nada de lo que ya pasó hubiese pasado.

—¿Y si no? —digo por lo bajo.

—Entonces agradece que haya sucedido. Supongo que ambos aprendieron cosas.

—Como que conocer a un chico en un jardín, puede llevarte a grandes cosas —bromeo, sorbiéndome la nariz.

Daniel sonríe.

—Hay cosas que no puedes dar por hecho, Emma. Deja que el futuro te lo muestre.

Asiento.

***

—Olvidé mi billetera, dame un minuto.

Al voltear, ya no encuentro a Daniel atrás de mí.

Me dirijo a su auto, pero no avanzo mucho, me detengo al ver a Fabricio dirigiéndose a la entrada del diner.

Ambos nos acercamos con lentitud.

—Hola, Fabricio. Qué sorpresa verte por aquí.

Siempre parece que quiere desaparecerme, pero hoy especialmente.

—Hola, yo… solo quería tomar algo.

—¿Los chicos vienen contigo?

—No, Robert y Thomas están ocupados, y Max… bueno, tú deberías saber dónde está.

Pues definitivamente no lo sé.

—En realidad, no lo sé. Creí que estaría en el gimnasio o en cualquier otra parte con los chicos —me encojo de hombros—. Eh, ¿hay algo que quieras decirme? Percibo más disgusto del que sueles tener cuando me acerco.

Suelta un fuerte suspiro.

—No lo tomes a mal, Emma. No tengo nada en tu contra, sin embargo, me parece tan estúpido lo que están haciendo. Conozco a Max y sé lo testarudo que es, pero tú… realmente me decepcionas. Te creí más razonable.

El arte de apreciarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora