Max
Suspiro mirando la ventana de Emma, que está cerrada. Me sorprende, ya que ahora mismo debería estar viendo el cielo. El hermoso cielo que me acompaña esta noche.
No quiero acosarla, pero se esconde todo el tiempo de mí. ¿Qué se supone que haga?
—Max.
Volteo al instante al escucharla.
Daniel, al verme, toma las bolsas de las manos de Emma y se adelanta. Al pasar a mi lado me dedica una expresión que me grita: ¡VAMOS! O eso creo.
—Ya es muy tarde. No deberías estar aquí —menciona.
—Tenía que entregarte esto —le acerco la caja que sostengo.
Mientras la toma, me dedico a verla, a memorizarla, como si no lo hubiera hecho mil veces antes.
Pone su celular en el bolsillo del jean y se centra en la caja. Al abrirla, sus ojos caen sobre mí.
—No hay nada —susurra.
—Ahí puse todo lo malo que encontré en ti. Nada.
Suelta un suspiro, deja la caja en el suelo y esconde sus manos en el bolsillo de su jersey antes de girarse hacia las chicas que nos miran con curiosidad.
—Max...
—Lo sé. No quieres verme, debo irme. Estamos mejor así, ¿no? Hay algo que no acabo de entender: ¿por qué, sin importar las veces que te repita que te quiero, o la manera en que te lo demuestre, tú decides creer que no es así? ¿No es suficiente para ti? —pregunto incrédulo.
—No es eso, es al revés. Yo... no me siento suficiente para ti.
—Pero lo eres. No hay nada más que quiera en este mundo que a ti —digo, agobiado.
—Mi autosaboteo está en automático. No lo entiendes —niega con la cabeza varias veces—. Apenas lo hago yo. No puedo confiar en nadie. Me encantaría hacerlo, te lo juro, confiar en ti y estar tranquila con eso, pero no puedo.
—¡Te quiero! Deja de negarte a creerlo —me acerco.
—Pero yo no puedo quererte igual, Max.
—¿Por qué?
—Porque no estoy lista.
—Si sigues esperando el momento correcto, se te pasará la vida, Emma. No dejes que se te pase la vida arreglando cosas que ni siquiera están rotas.
—Es muy difícil querer a alguien dañado. En los libros, los protagonistas hacen hasta lo imposible por ver sonreír a la persona que aman, pero aquí, en la realidad, las personas se asustan, te juzgan, incluso te lastiman más y se van.
Suelto un suspiro, mirando su rostro.
—El amor no es solo luz y paz, también es oscuridad, miedo y dolor. Pero todo eso se supera juntos. ¿Cómo sabrás que amas algo si no luchas por ello?
—¿Entonces qué quieres que te diga? ¿Que la cagué? —pregunta con los ojos húmedos—. Pues sí, yo arruino todo.
—Por favor, ¿no estás cansada de esto? ¿De fingir siempre que estás bien por creer que eres la mala en todo?
—Esto no es fácil para mí —aleja mis manos de sus mejillas.
—Tampoco lo es para mí. No es fácil luchar solo por algo que es de dos.
Ella muerde su labio inferior, mirándome con aflicción.
—Entonces deja de hacerlo —susurra.
—Si fuera tan fácil, lo habría hecho hace mucho tiempo —murmuro, molesto por su carácter. Suelto un suspiro—. Empecemos de nuevo —le pido—. Sé que me quieres; aunque digas lo contrario, lo demás te delata: tu mirada, tu cuerpo, tus labios.
ESTÁS LEYENDO
El arte de apreciar
Romance(Primer libro de la bilogía "Artes") Todos sus problemas se esfuman al ver el cielo.
