Max
Cuidando mi ramo de flores, empujo a varias personas, abriéndome camino hacia la cocina de la casa.
Necesito salir más seguido a fiestas.
Repaso el lugar con la mirada, pero no veo por ningún lado a Catherine.
¿Por qué le traje flores? Debí traerle cervezas.
¿Dónde se metió?
Bufo hastiado mirando todo el lugar y detengo mis ojos sobre la puerta frente a mí. Esa puerta debe llevarme a algún lado.
Si otra persona me vuelve a pisar, voy a estamparle este ramo en la cara. Abro la puerta con urgencia. Necesito escapar de este lugar.
El jardín, por supuesto. Supongo que es mejor que estar ahí dentro. Doy un paso hacia la izquierda y me detengo al ver a una chica hecha bolita al inicio de los arbustos.
Parece que no soy el único al que este lugar le disgusta.
Avanzo más cerca de ella, pero me detengo al escuchar varios sollozos de su parte.
¿Está llorando?
Su cabello marrón cae sobre sus delgados hombros, ocultando su rostro.
¿Me quedo o me voy y la dejo llorar a gusto?
—Qué ironía, ¿no? —decido hablar y acercarme. Me detengo a unos pasos de distancia.
Enseguida limpia sus ojos y se voltea hacia mí. Sus ojos marrones, levemente rojos, me miran con sorpresa.
Es hermosa. ¿Por qué una mujer tan bella como ella, llora a escondidas?
—¿Disculpa?
Arreglo mi chaqueta para después sentarme junto a ella. La confusión en su rostro es lo único notable.
—Te aseguro que ahí dentro hay más de una pareja teniendo sexo, otros ya están alucinando de lo tomados que están y los demás simplemente se divierten.
Solo me mira, más confundida que antes.
—No entiendo a qué te refieres —dice con voz suave, frunciendo el ceño.
—Mientras ellos hacen eso, tú estás aquí llorando —volteo a verla.
Se concentra en mí, y no sé si está pensando que soy muy guapo o que estoy loco.
—...Supongo que todos tenemos maneras diferentes de desahogarnos —aleja la mirada de mi rostro mientras se encoge de hombros—, pero a la tuya nadie le gana.
—¿A la mía? —frunzo el ceño.
—Sí, esconderte y espiar a las personas. Eso es nuevo y raro —murmura.
Además de linda, es divertida. Suelto una risita mirándola. Es perfecta.
—No es una manera de desahogarme, al menos no mía. Llegué a este lado de la casa por casualidad, o tal vez no —insinúo mirándola de reojo.
Voltea a verme frunciendo el ceño. Sus ojos desconfiados se siembran en los míos.
Le sonrío.
—Me pregunto quién es el idiota que ha hecho llorar a tus hermosos ojos.
Su semblante se suaviza con lentitud.
—No es alguien por quien lloro —niega sacudiendo la cabeza.
—¿Por qué lloras, preciosa? —la miro tratando de descifrar sus expresiones.
—Por todas las veces que no me permití hacerlo —murmura—... disculpa, pero no te conozco —murmura apática—. Permiso.
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El arte de apreciar
Romansa(Primer libro de la bilogía "Artes") Todos sus problemas se esfuman al ver el cielo.
