Extra 2: Evermore

47 3 5
                                        

Una tarde de verano, cuando Emma se preparaba para ir a la playa junto con sus amigos y el chico que estaba conociendo, tocaron a su puerta.

Ella creyó que era ese simpático, caballeroso y apuesto hombre de pelo castaño que iba por ella, pero al abrir la puerta lo que la recibió fue un pedazo de papel. Era una carta que había recorrido un largo camino para llegar a sus manos.

Con el corazón alborotado y las manos temblorosas, sacó la carta del sobre. No podía creer que fuera capaz, pero algo dentro de ella le gritaba que estaba equivocada. Después de todo, cualquier cosa era posible con el pelinegro que había encontrado en un jardín.

 Después de todo, cualquier cosa era posible con el pelinegro que había encontrado en un jardín

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Doblo la carta con cuidado y lentitud. Sus ojos se detuvieron en ella más tiempo del necesario antes de guardarla en aquella caja que protegía lo que quedaba de él, de ese hombre que, aunque no estaba presente, seguía teniendo el poder de revolverle el corazón y acomodarle las ideas.

Ese día Emma salió, como lo había planeado, pero no podía dejar de pensar en su novio... en su exnovio. Y era inevitable el remordimiento que experimentaba cada vez que miraba aquellos ojos verdes que no podía reconocer.

&

Un año después de recibir aquella carta de su boxeador, Emma tomó una pluma y una hoja en blanco y se sentó a escribir, no sus historias que tanto amaba, sino su sentir por el hombre que creía que ya no podía amar y, sin embargo, lo hacía. Ella lo seguía amando con la misma fuerza con la que quería dejar de hacerlo; lo amaba tanto como esperaba que él dejara de hacerlo.

El remordimiento de tener a otro al lado en su cama la perturbaba, más aún cuando deseaba que ocupara el lugar del hombre al que miraba.

Una noche de primavera, mientras su pareja seguía afuera, ella escribió:

Aunque se prohibió hacerlo, lloró esa noche, cuando aquel hombre no la miraba, cuando su sueño era lo bastante profundo como para ignorarla

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Aunque se prohibió hacerlo, lloró esa noche, cuando aquel hombre no la miraba, cuando su sueño era lo bastante profundo como para ignorarla.

Aunque le dolió, supo que era lo mejor. Quería que Max siguiera con su vida, como seguiría ella con la suya. A pesar de todo, no era una mala vida: él la quería y ella lo permitía.

&

Pasaron los días, las semanas y los meses. Emma no obtuvo respuesta a su carta. Aunque debía estar satisfecha porque Max finalmente le había hecho caso, estaba bastante molesta. Solo quería saber algo de él, aunque ella misma le hubiera prohibido responder.

El veinte de noviembre de 2026, su mamá, Grace, entró a una sala de hospital de la cual no salió respirando. La neumonía siempre había sido un problema desde niña, y Emma lo sabía. Sabía lo que pasaría y aun así no pudo enfrentarlo con valentía, según se repetía encerrada en su cuarto, escondida entre las sábanas, desbordándose en lágrimas.

Dos días después de sepultar a su madre, Emma evitó a todos, incluso a su dulce novio. Tomó el celular y se encerró en el baño. Mordiéndose las uñas y con el corazón latiendo con fuerza, marcó un número que no creía que siguiera en uso.

El celular vibró en su mano. La llamada entró, pero Max no respondió.

Emma, avergonzada por lo que había hecho y destrozada por lo que estaba sucediendo, se derrumbó en aquel frío piso de aquellas cuatro paredes que la protegían del exterior.

No supo en qué momento, pero se durmió.

Tan profundamente reposaba en su cama que no se dio cuenta de que el celular sonó. Era una llamada entrante, la respuesta que desesperadamente buscaba. Era Max, del otro lado del mundo, y fue ella quien no lo notó.

El tiempo pasó y el dolor aumentó. Emma empezó a salir de aquel apartamento que la cubría y escondía, dispuesta a luchar con aquello que alguna vez había amado: sentir.

Incluso si no lograba vencer a aquel sentimiento, estaba dispuesta a morir en el campo de batalla. Eso era lo que había prometido: intentarlo, no detenerse.

El arte de apreciarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora