Emma
EM es lo primero que me recibe al abrir los ojos.
Un oso panda de peluche que Max me regaló, porque el otro día yo dije frente a él que tenía unas grandes y horribles ojeras, y regresó con este oso diciendo: él también tiene ojeras y no quita lo tierno y hermoso que se ve, como tú.
¿Y por qué se llama EM? Bueno, Emma y Max. EM. Muy ingenioso de su parte.
Sonrío.
Trato de girarme, pero la mano de Max bajo mi blusa me detiene.
Saco su mano como puedo, pero casi al instante vuelve a ponerla en el mismo lugar, solo que esta vez sobre la tela de la blusa, sujetándome.
Me doy por vencida cuando hunde su cara en mi pelo, el cual aún está un poco húmedo; nos duchamos ya muy tarde.
—Buenos días, preciosa —susurra con voz ronca, apretándome a su cuerpo.
Me giro hacia él. Max sube mi pierna desnuda a su torso mientras se desliza para quedar frente a mi pecho.
—Buenos días —respondo acariciando su cabeza.
—Te dormiste muy temprano anoche —me acusa, removiendo su cabeza entre mi pecho.
—¿Anoche? Ya era de madrugada, Max.
—Pero… tenías que mantenerte despierta, conmigo. No hacemos esto todos los días —se queja acariciando mi muslo.
Hago mala cara, aunque él no me está viendo.
—Pues no puedo hacerlo todo el día, todos los días, mi amor.
Su cabeza se eleva con rapidez, mirándome con las cejas alzadas y una pequeña sonrisa en los labios.
—¿Qué? —inquiero.
—Mi amor —me dice con un brillo en los ojos, mientras su sonrisa se ensancha.
Mi amor. ¿Él me dij… yo le dije mi amor?
Lo miro con los ojos abiertos de par en par sin poder creer lo que he dicho; mis mejillas se prenden en fuego.
—¿Lo dijiste sin pensarlo? —me pregunta divertido—. Mi amor —añade.
Asiento, apretando los labios.
—¡El día no puede empezar mejor! —grita, lanzando los brazos al aire.
—Silencio —le pido, poniendo mis manos en su boca después de lanzarme sobre él.
Solo falta que me saquen de la residencia por meter a chicos a mi cuarto. Bueno, solo meto a Max y a Daniel algunas veces… pero eso no es el punto.
—Te falta algo —murmura entre mis manos.
—Mi amor —sonrío al ver su cara de satisfacción.
Sus brazos se enrollan en mi cintura antes de girarse y dejarme bajo su cuerpo.
—¿Puedes decírmelo otra vez? —me pide con una mirada irresistible.
—Mi amor —digo con una sonrisa, mi cara a punto de explotar.
Max suelta un suspiro sin perder la sonrisa antes de besar mi cuello.
—Te amo.
—Puedes ser tan tierno algunas veces —digo abrazando su cuello.
—¿Algunas veces? Creí que siempre era tierno contigo.
—Bueno, algunas veces lo eres más.
Sus dedos suben por mis costillas hasta meterse bajo mi blusa, haciéndome cosquillas.
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El arte de apreciar
Romance(Primer libro de la bilogía "Artes") Todos sus problemas se esfuman al ver el cielo.
