Emma
Se supone que sé lo que hago, que me hago responsable de las decisiones que tomo, pero, siendo realista, temo incluso equivocarme de palabra al hablar.
Nunca se me ha dado bien relacionarme con los demás. Es como si la gente y yo no habláramos el mismo idioma. Ellos no me entienden y yo no los entiendo. Es por eso que me alejo, que me escondo en un jardín estando en una fiesta.
Suelto un suspiro, mirando a mi alrededor, a la soledad.
Me gustaría ver la vida como una adulta. Tal vez así tendría respuestas a estas absurdas preguntas, tal vez así sabría que toda esta confusión me llevará a algún lugar. Se supone que ya lo seré en unas horas, o que ya lo soy desde hace algunos años, pero, siendo sincera, no me siento como una.
Y, a todo esto, ¿es realmente necesario agregarle todo ese caos del amor? Yo creo que no. Aun así, me muero por sentir un poco de afecto, pero no cualquiera, alguno que se parezca al que existe en los libros.
Es fin de semana, he tenido un día horrible, tengo hambre y en unas horas será mi cumpleaños. Una lloradita a las cinco de la tarde no le hace daño a nadie, ¿no?
Sorbo mi nariz.
Nunca me ha gustado mi cumpleaños. Cada año tengo la esperanza de que sea diferente, pero siempre sale mal. Me pongo sensible —mucho— y me siento más sola de lo que generalmente estoy. Solo es un recordatorio de que mi tiempo se está acabando.
¿Por qué una chica que ni siquiera ha cumplido los veinte piensa eso?
No tengo idea, pero siento que no he hecho nada bueno con ese tiempo. Pienso que voy tarde en una carrera que es solo mía.
Limpio varias lágrimas al instante en que se resbalan por mis mejillas.
Miro el cielo, intentando enfocarme en otra cosa que no sea mi existencia.
¿Por qué no puedo vivir sin miedo? ¿Por qué el miedo no deja de vivir en mí?
Me quiebro en sollozos, mirando hacia los lados, asegurándome de que no haya nadie viendo. Nadie puede juzgarme por tener miedo, no si estoy sola.
¿Por qué siempre tiene que ser así? ¿Por qué siempre tengo que estar mal?
Y, para terminarla de joder, estoy en una fiesta a la cual me obligaron a venir. Y no, no es mi fiesta. Además, me lastimé el dedo con la puerta del auto y me bajó en el camino.
Mi día no puede estar peor.
Quiero estar entre mis sábanas, llorando plácidamente.
—Qué ironía, ¿no?
Doy un respingo al escuchar una voz masculina al costado de mi cuerpo. Paso el dorso de mis manos por mis mejillas, limpiando con rapidez mis lágrimas, y volteo hacia él.
Un chico pelinegro me mira fijamente, con un rostro pacífico. Uno de los hombres más hermosos que he visto en mi vida, ¿me vio llorar?
Carraspeo
—¿Disculpa? —lo miró confundida
Arregla su chaqueta negra, antes de sentarse junto a mí en el peldaño. Creí que en una fiesta como esta nadie venía al jardín.
—Te aseguro que ahí dentro hay más de una pareja teniendo sexo. Otros ya están alucinando de lo tomados que están, y los demás simplemente se están divirtiendo.
Frunzo el ceño, desconcertada.
—No entiendo a qué te refieres.
—Mientras ellos hacen eso, tú estás aquí, llorando —gira levemente su rostro. Sus ojos se enfocan en mí.
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El arte de apreciar
عاطفيّة(Primer libro de la bilogía "Artes") Todos sus problemas se esfuman al ver el cielo.
