Capítulo 22: Slut

305 24 67
                                        

Max

—¡Emma!

Abro los ojos al escuchar ese grito. Encuentro a Emma ya sentada sobre la orilla de la cama.

—¡Sara! —le grita ella poniéndose de pie.

Sara desde la ventana nos enfoca con su celular en manos. Al lado de Rob.

—¿Me prestas tu camisa? —me pregunta, poniéndosela sobre su pijama—. Bien, gracias.

Sale corriendo y yo salgo confundido apenas de la cama. Por la ventana observo a Emma intentando quitarle el celular; Sara solo ríe a carcajadas, huyendo. Salta sobre la espalda de Robert y escapan; Emma chilla molesta mientras los mira.

Me pongo calzado y salgo hasta la puerta.

—¡Sara! —Emma la mira enfurruñada.

—¡Lo agradecerás después, Emma! —le responde ella sin bajar de la espalda de Robert.

Voy por Emma cuando los otros dos entran como niños revoltosos a la casa.

—¿Qué fue eso? —me enfoco en su rostro.

—Creo que nos sacó algunas fotos —murmura cruzada de brazos, haciendo un puchero, molesta.

—Genial, después se las pido —la molesto.

Emma me mira irritada, pasa por mi lado intentando alejarse, pero tomo su mano deteniéndola.

—Ven —la tomo de la cintura al ver sus pies descalzos—. Salta —le indico.

Frunce el ceño, confundida, con un leve color rojo en sus mejillas.

—Vas a meterte una astilla —menciono, antes que se niegue.

Rueda los ojos, pero pone sus manos sobre mis hombros desnudos y salta. La atrapo en mis brazos mientras enreda sus piernas en mi torso.

—No pasa nada —susurro al tener su rostro a la altura del mío—. Solo son unas fotos —beso su mentón.

Rueda los ojos y aprieta mi cuello con sus brazos sosteniéndose.

—No me mires así —le pido.

Ella voltea a otro lado.

—Emma —la llamo—. Si me sigues ignorando, te lanzo al agua —la amenazo llevándola al muelle.

—¡No, Max! —aprieta mi cuello aún más.

Quito mis manos de su cuerpo y ella se sostiene como puede.

—Si no me sujetas, te muerdo la oreja —me amenaza, murmullando cerca de esta.

—Adelante, fiera —respondo sin temor.

Lo único que siento es su pelo cuando esconde su cara en mi cuello, sosteniéndose con todas sus fuerzas.

—¡Max! —chilla desesperada.

—¡Bien! —desisto, poniendo una mano en su trasero y la otra en su espalda—. Lo hiciste muy bien, pequeña koala —me alejo del muelle.

—Jódete, tonto —susurra sin soltarme.

—Te ves bien con mi camisa —digo, halándola de la parte de atrás para cubrirla mejor.

—Cállate.

La abrazo apretando su cuerpo contra el mío, ignorando su temporal mal genio.

***

Emma hace un círculo junto con las chicas, sentadas en el césped mientras hablan. Me dedica varias sonrisas cada vez que me mira.

De reojo veo a  Thomas llegar a sentarse al porche conmigo.

El arte de apreciarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora