Capítulo 24: Willow

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Max

Saco las sábanas de la secadora, me detengo ante el toque en mi espalda. Volteo y me encuentro con Sofía sosteniendo un cesto de ropa limpia que lleva cargando ya como media hora.

—Hola —digo al verla.

—Hola —responde con una sonrisa—. ¿Qué tanto hacían anoche? —me pregunta directamente.

—Nada —respondo, simple, levantando mi cesto.

—¿Seguro? Escuché rudios extraños —arquea una ceja.

—Sí. Gracias por lavar esto por mí —quito la playera negra de Emma de su cesto—. Nos vemos, Sofí. —digo antes de salir del cuarto de lavado.

Al llegar a la cocina, encuentro a Emma comiendo unas tostadas con Sara. Espero que no la esté bombardeando de preguntas.

Me siento a su lado y giro el banco en el que ella está, hasta quedar frente a frente.

—Ya está todo limpio —le informo, robándole un pedazo de tostada.

—De acuerdo —dice acomodándose el suéter—. Gracias —me dedica una pequeña sonrisa.

Dejo un beso en su mejilla antes de ponerme de pie.

Ambos volteamos hacia Sara, quien nos mira con la nariz fruncida, antes de alejarse en silencio, como si ella no se pasara besando todo el día con Robert.

—¿Te llevo al auto? —pregunto centrándome en ella.

Niega con la cabeza, bajándose del banco.

—Creo que aún recuerdo cómo caminar —bromea, tomando mi mano.

—Siempre estoy aquí, si se te olvida —camino a su paso.

Tendrá todo el camino hacia Nashville para descansar y recuperar las horas de sueño.

&

—¿En qué piensas? —le pregunto a Emma, quitándome los guantes.

Desde hace rato sigue pasando sus manos sobre su bonito vestido rosa que la adorna.

—Creo que no le agrado a tu entrenador —mira a Fabricio, quien le dice algo a Thomas.

—Él es así —digo simple—. Te aseguro que es mejor si no te habla —vuelvo a verla—. Es un pesado.

—Quizás no le agrada que esté aquí —inquiere, mirándome.

—No le prestes atención. Para Fabricio, incluso ir al baño es una pérdida de tiempo.

Emma frunce el ceño.

—¿Me estás comparando con ir al baño? —me pregunta frunciendo la nariz.

—No —niego—. Lo que quiero decir es que... es un viejito aburrido —concluyo.

Me mira con una sonrisa divertida. La observo con los ojos entrecerrados al ver cómo se burla de mis intentos de no molestarla.

—¿Ya terminaste? —se pone de pie.

Asiento sin dejar de mirarla. Tomo su mano y la acerco, envolviendo mis brazos en su cintura. Beso su frente y escucho cómo ella suelta una risita.

—¿Qué es divertido? —le pregunto curioso.

—Todos los que entrenan aquí van a pensar que eres un oso de felpa.

—Lo soy, si eso quieres —esta vez beso sus mejillas calientes.

Emma niega con una sonrisa.

—Estoy intentando mantener tu reputación de chico malo. No me beses —me hace mala cara para después esbozar una sonrisa.

El arte de apreciarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora