Max
Toco la puerta varias veces para asegurarme de que Emma escuche, del otro lado la música retumba.
Pasan unos segundos y ella abre. Me mira meticulosa mientras recorro su cuerpo. Usa una sudadera, pero no cualquier sudadera: la MÍA, bueno, ahora de ella, y unos pantalones con pequeños unicornios de colores. No lleva zapatos.
Estiro mi brazo tras la pared, asegurándome de que no pueda ver el ramo de rosas.
—Hola, pequeña.
—H-hola —confundida, detiene la música.
Una sonrisa se forma en mis labios al ver sus mejillas sonrojadas.
—Lindos pantalones —menciono con una sonrisa socarrona.
—Gracias —susurra mirándome—. No sabía que vendrías —dice en un tono bajo.
Muerde su labio mientras se sujeta de la puerta.
—Perdón por no avisar —digo perdido en su rostro.
—¿Por qué no me escribes?
—No es lo que quiero hacer justo ahora —murmuro mirando sus labios.
Me acerco a su rostro, pero me decido por besar una de sus mejillas, la cual sigue caliente.
—¿Me extrañaste? —pregunto mirándola.
—...puedo sobrellevar tu ausencia —me asegura con una sonrisa divertida.
La miro con una pizca de decepción.
—Yo sí te extrañé —admito.
—...¿No vas a entrar? —se hace a un lado.
—Antes, tengo algo para ti —acerco mi brazo tras la pared y le muestro el ramo de rosas de distintos colores.
Emma abre la boca mirando las rosas antes de mirarme a mí. Sonrío al ver cómo sus ojitos se iluminan.
—Me hizo pensar en ti, eres como una mezcla de colores, como estas flores.
Esboza una sonrisa frunciendo el ceño con ternura.
—¿Son para mí? —pregunta sin aliento.
Asiento.
—No traje comida, pero traje chocolates.
Emma toma el ramo aún no muy convencida; lo toma con tanta cautela que me hace sentir que ha valido la pena cuidarlo en todo el camino.
—Gracias, Max —susurra con una sonrisa—. Es precioso —acerca su rostro a las rosas y las huele—. Me encanta.
Sonrío acariciando su pelo y me inclino hacia ella.
—Son tan hermosas como tú —beso su frente.
—Pasa —me pide moviéndose.
Lleva las rosas hasta su mesa con urgencia y, sin previo aviso, se lanza sobre mí, haciéndome caer sobre su cama.
—Hace un año Sara me regaló un ramo de rosas, fue el último hasta ahora —me explica mientras sujeto su cintura.
Hunde su rostro en la curva de mi cuello.
—No te escondas de mí, Emma —le pido acariciando su espalda al sentir sus lágrimas tocando mi piel.
No le traje rosas con la intención de hacerla llorar.
Levanta el rostro con lentitud. Su labio inferior comienza a temblar y algunas lágrimas caen por sus mejillas. Acerco su rostro a mi pecho y la envuelvo en mis brazos.
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El arte de apreciar
Romance(Primer libro de la bilogía "Artes") Todos sus problemas se esfuman al ver el cielo.
