Emma
Extraño sus estúpidos mensajes, las fotos que me manda del cielo sin que yo se las pida. Las veces que se escapa de Fabricio para ver el atardecer conmigo. Extraño a Max.
Las chicas hablan mientras intento concentrarme en mi lectura. La cabeza me mata del dolor, no sé si es porque no he dormido o porque me paso los últimos días llorando.
Miro más allá de mi libro cuando dejo de escucharlas. Sara y Sofía me miran directamente.
—¿Qué? —frunzo el ceño.
Ambas se encogen de hombros sin decir nada. Cierro el libro y mis ojos junto con él. Me arden demasiado.
—Deberías hablar con él —escucho decir a Sofía—. Max es un buen tipo, no dejes pasar esta bonita experiencia.
—Creí que ya habían aceptado mi decisión —murmuro.
—Solo te estoy sugiriendo que soluciones...
—No, Sofía, Max ya entendió que no lo quiero cerca.
—¡Pero es que sí lo quieres cerca! —alza la voz—. Ambos están sufriendo, Emma.
—Ambos estamos bien.
—Comunícale eso a tu cara —dice Sara al borde de la cama—. Parece que has pasado un año sin dormir y seis meses llorando.
—Solo me duele la cabeza —protesto.
—Eres una cobarde —masculla—. Arriésgate, no puedes dejar que la vida pase frente a tu cara mientras no haces nada. Deja de pensar que algo malo pasará.
—Siempre pienso lo peor de todo. Las cosas pueden terminar muy mal, Sara; en mi cabeza todo termina mal y puede ser por mil factores. Tengo que hacerme la idea para que no termine con la mente revuelta y el corazón hecho trizas, y no quiero arriesgarme —murmuro—. Y sí, es mi culpa, ya lo sé. Me tachan de zorra, de cobarde, ¿por qué no pueden entender que no estoy acostumbrada a que me quieran?
—Pensar demás está afectando tu vida. No te preguntes por qué te quieren, solo deja que lo hagan. Quiero que seas tú. Tú y alguien.
—Soy yo, y eso ha sido suficiente por muchos años.
—¿Y lo será toda la vida? —Sara se arrastra sobre la cama hacia mí—. Estar con alguien no significa perderte, significa sumarle experiencias a tu vida, y sí, no todas son buenas, pero por eso estamos aquí: para vivir, buenas y malas experiencias.
Trago tratando de deshacer el nudo en mi garganta.
—Lo conocí hace un poco más de un mes, no podemos sentir nada, Sara.
—No necesitas de mil años para sentir algo por él, Emma.
—No tienes que amarlo, pero no te cierres —Sofía se recuesta en mi hombro—. Max parece un buen hombre. ¿Te has fijado en cómo te mira?
—¿Cómo mira a todos? —cuestiono.
—A los demás ni siquiera los mira, Emma —menciona Sara—. Disfruta, no importa lo que pase; al menos lo habrás disfrutado. Bésalo, tócalo, dile cosas cursis, aunque odias hacerlo. Está bien enamorarse.
—Especialmente si el sentimiento es recíproco —susurra Sofía con melancolía.
—¿Te pasa algo? —me volteo hacia ella.
Sofía niega con la cabeza.
—Eres muy mala mintiendo, Sofía —dice Sara a mi lado.
—¿Qué te sucede? —insisto.
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El arte de apreciar
Romance(Primer libro de la bilogía "Artes") Todos sus problemas se esfuman al ver el cielo.
