Capítulo 10: The archer

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Max

Sara nos indica que entremos a su cuarto.

—No hagan ruido, Emma está durmiendo —susurra.

El reloj en mi muñeca me indica que no es tan tarde.

—¿Está enferma? —cuestiono.

—No, anoche no durmió bien. No te preocupes, Max.

Mis ojos se clavan en Emma al verla en el borde de la cama. Ella abraza el suéter que tiene como almohada.

Deduzco que acaba de dormirse; dudo que pueda pasar mucho tiempo en esa posición.

La playera que la cubre es más grande que ella. Su cabello, mal recogido, cubre parte de su cara. Cómo me gustaría poder abrazarla sin que quisiera alejarme o golpearme.

Nunca en la vida había tenido la necesidad de tocar a alguien como necesito tocarla a ella.

No sé qué clase de magia tiene Emma, pero desde que la conocí no puedo parar de sonreír, y ella es la razón de cada una de esas sonrisas. Y es que no sé qué es esto. Nunca me había sentido así de bien con alguien. Nunca creí que podía sentirme así de feliz con solo ver a alguien. Verla a ella.

No es consciente de quién es ni de lo que es capaz, y me gustaría poder hacer algo para que se dé cuenta de lo grandiosa que es.

—Sofía se está cambiando en el cuarto de Emma, solo termina y nos vamos —les indica a los chicos mientras se deja abrazar por Rob.

Me siento al lado de su cabeza. Su mano está cerca de su boca. Tiene una pierna sobre la otra; está hecha una bolita que incluso se ve más pequeña de lo que es.

El sonido de la puerta hace que empiece a removerse.

Sus párpados se abren con lentitud. Su mirada primero se detiene en Thomas y Robert. Al instante mueve su rostro con gran sutileza para verme a su lado. No se mueve más; lo único que hace es jalar su suéter y cubrirse la cara.

Sonrío mirándola.

—Ya nos vamos, Emma —Sara la mira al lado de Sofía—. Volveré tal vez después de medianoche. Max se quedará un rato contigo.

Emma solo alza la mano y sube el pulgar.

—Cierra la puerta al salir.

Los cuatro salen dejándonos solos.

—¿Estás bien? —pregunto al ver que no se mueve.

—¿Por qué no me avisaste que después de todo sí vendrías?

—Logré convencer a Fabricio de terminar antes con el entrenamiento. Lo siento, olvidé avisarte.

Se incorpora aún con el suéter en su rostro.

—Te agradecería que me avises la próxima vez. No quiero que tú ni nadie vuelva a verme así.

Entonces habrá una próxima vez.

Aparto el suéter para mirarla.

Sus mejillas están de un color carmín, sus labios hinchados y a sus ojos llegan las puntas de su pelo alborotado. ¿Por qué no quiere que la vuelva a ver así? A mí me encanta.

Eleva la mirada. Sus ojos marrones se centran en los míos.

Dios, esos ojos.

¿Esto es posible? ¿Que un par de ojos me vuelvan tan loco?

Sus ojos no estaban en mis planes, pero ahora, si es con ella, podría improvisar mi vida entera.

—¿Piensas quedarte ahí? —me pregunta, arqueando una ceja antes de bajarse de la cama.

El arte de apreciarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora