Capítulo 21: Sweet nothing

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Emma

—¿Y entonces qué pasó después? —me pregunta Sara eufórica.

Aprieto los labios tratando de no sonreír, pero me es imposible al ver la cara de idiota de mis tres mejores amigos.

—Lo besé —digo en un susurro.

Sara y Sofía empiezan a gritar, mientras Daniel solo da gracias a Dios que por fin estoy con alguien.

—Shht.

—¿Y cómo estuvo? —inquiere Daniel.

Sofía lo mira con diversión y yo con mala cara.

—No responderé eso.

—Emma, por favor. Descríbelo, en una palabra —propone Sara.

Sería una mentirosa si dijera que no quiero hablar de eso, porque estoy tan emocionada y quiero hablar todo el día de Max.

—Fantástico —suelto, más embobada de lo planeado.

Ellos se vuelven locos mientras ahogan chillidos de felicidad.

—¿Y tú estás bien? —Sofía se centra en mí—. ¿Lo disfrutas?

Asiento con una sonrisa esbozada.

—Eso es lo importante —sonríe.

—¿Cuántos besos se dieron? —Sara me mira con cara pícara.

Lo pienso.

—Tres, creo —respondo.

—Solo tres —dice, decepcionada.

—Ya déjala, Sara —le dice Sofía—. Tú ve a tu ritmo, Emma. No le hagas caso —mira con mala cara a Sara.

—Estoy bien, siento que no me estoy presionando. Max… él me hace sentir segura —suelto.

Sofía me mira con una sonrisa; Sara se cubre la boca con sus manos, ahogando un chillido.

—Estás tan enamorada —afirma felizmente Sara.

—Eh…

—¡Estás enamorada! —afirma nuevamente—. ¡Chicos, mírenla! —empieza a mover a Sofía y a Daniel de un lado a otro—. Está enamorada.

—Sara, cállate —le digo con la cara a punto de explotar.

—¡Estás enamorada! ¡Estás enamorada!

—Sara —digo entre dientes.

Como si fuese un castigo de Dios, todo el rato Sara se pasa gritando a los cuatro vientos que besé a Maximilian Robinson.

El único que me sonríe y me celebra orgulloso, en silencio, es Daniel. Me hará mucha falta este fin de semana.

Él no podrá acompañarnos a la casa del lago, pero al menos no pasará todo el tiempo solo; las últimas semanas ha estado frecuentando a Hanna. Solo espero que la trate como él lo merece.

***

Nos ponemos de pie cuando vemos los autos de los chicos estacionarse frente a nosotras.

Jalo mi pequeña maleta mientras subo el cierre de mi chaqueta. Son las cinco de la mañana. La idea de viajar en auto me encanta, ver tantos paisajes en el camino, pero ¿qué hay de los chicos? Ellos tienen que conducir por horas; desde esa perspectiva, el viaje no parece tan bueno. Aunque vamos con tiempo para que puedan descansar.

Saludo a los chicos cuando se bajan a ayudar a mis amigas con sus cosas. Segundos después se baja Max; viste ropa aparentemente cómoda, y él se ve guapo así. Y yo me miro como idiota así.

El arte de apreciarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora