No es fácil aceptar que las cosas cambiarán, que dejaremos de ser nosotros y volveremos a ser solo ella y solo yo. ¿Cómo no voy a sentir que me estoy muriendo si no veré en mucho tiempo a la persona que, sin pensarlo, se ha vuelto parte de mí?
—¿Cómo va todo por aquí? —pregunta Thomas subiendo al auto.
Robert solo se remueve en el asiento, en medio de los dos, mientras mira estupideces en su celular.
Yo lo observo de reojo antes de apoyar mi cabeza en la ventana y cerrar los ojos.
—Eso responde a mi pregunta —añade Thomas, cerrando la puerta—. Oigan, no quiero que me contagien sus ganas de cortarse el cuello.
—Yo no quiero cortarme el cuello —aclara Robert—, quiero lanzarme de un puente.
—Tampoco quiero hacer eso. Oye, Max.
—¿Qué? —murmuro, abriendo los ojos.
—Di algo, hermano. Aquí está Robert; insúltalo, pero di algo, danos una señal de que sigues aquí.
—Sigo aquí —susurro.
—Thomas tiene razón, nos estamos comportando como idiotas. Irnos no tiene por qué ser algo malo —las palabras de Rob no se reflejan en su rostro.
—No ayudas —murmura Thomas, mirándolo—. Max, solo faltan cuatro días para tu cumpleaños. Se supone que no debo darte esto ahora, pero fingiré que me confundí de fecha.
—¿A qué te refieres? —lo miro más interesado.
Levanta su mochila y de ella saca una caja.
—Es de Emma, es un regalo para ti.
—Pero creí que estaba… —tomo la caja con urgencia.
—Tal vez sí, lo que sea que estés pensando, pero te aseguro que te ama.
Sé que me ama, pero creí que no me quería ver.
Me enfoco en la caja y me encuentro con un libro y una carta adentro. Lo primero que encuentro al abrirlo es una foto nuestra en la cabaña; hoja tras hoja, foto tras foto, recorro el álbum deleitándome con su rostro, con su sonrisa, con nuestro amor.
—¿Por qué no me lo dio a mí? —cuestiono, tomando la carta.
—No lo sé, tal vez porque estabas de intenso.
Lo miro con mala cara.
—Cierra la boca, Thomas.
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—¿Qué dice? —Robert trata de tomar la carta, pero la guardo antes.
—¿Y Fabricio? —me lanzo a la ventana de Thomas.
—Ahí viene, relájate, vas a aplastarme —murmura.
—Aplastarnos —rectifica Rob—. Vuelve a tu lugar, Max, y explícame qué carajos quieres.