Max
Las personas pasan una tras otra, tras otra, pero no ella. A Emma no la miro por ningún lugar.
Volteo por encima de mi hombro y, solo porque Catherine está demasiado cerca, no me escondo en el auto.
—Max —dice con voz suave al llegar frente a mí.
—Hola, Catherine.
No tengo nada en su contra, pero no quiero tener ningún problema con mi ahora novia.
—¿Esperas a... Emma? —pregunta con cierto desagrado.
—Sí, espero a mi novia —un cosquilleo invade mi estómago al decir eso: mi novia. Ojalá Emma también se sintiera así.
Ella alza levemente las cejas, esbozando una sonrisa amarga.
—¿Por qué no me dijiste?
Sus ojos verdes se enfocan en mí.
—¿Decirte qué?
—Que estaban... saliendo.
—En ese entonces aún no lo hacíamos.
—Pero ya la conocías. ¿Por qué no me dijiste que te gustaba?
Suelto un suspiro cansado mientras la miro.
—Catherine, desde el primer minuto que nos vimos te dejé claras mis intenciones. Fui sincero siempre que pude. Lo mío con Emma fue algo inesperado, pero te aseguro que lo disfruto mucho.
—¿Por qué? —frunce el ceño—. ¿Tan buena es en la cama? Porque dudo que te guste por su... personalidad.
—Eso es algo que no debe importarte —digo en voz baja, observando mi alrededor en busca de mi novia—. Te aseguro que su personalidad no se compara con la de nadie más. Emma es increíble.
La susodicha se acerca mirándome con el ceño fruncido. Se detiene a unos metros de distancia, esperando.
—Ahí está ella. Nos vemos Catherine.
Paso a su lado sin esperar respuesta.
Emma no aparta la mirada de mí hasta que llego a ella y debe subir los ojos a mi rostro.
—Te dije que no vinieras. Además, ¿por qué no me dijiste que estarías con Catherine? —me pregunta seria—. Así no me aparecía por aquí a arruinar su...
—Es muy temprano para empezar con los celos, ¿no crees? —digo mirándola con una sonrisa, divertido.
Me fulmina con la mirada.
—No estoy celosa. ¿Por qué lo estaría?
Empieza a caminar y voy tras ella enseguida.
—Tú y yo no somos nada.
Le hago mala cara ante sus palabras, aunque ella no me mira.
Catherine no despega la mirada de nosotros desde una distancia prudente.
Uso su mirada juzgadora como pretexto para tomar la pequeña mano de Emma.
Ella voltea a verme confundida cuando la aprieto levemente.
—¿Quién te dio permiso para tocarme? —frunce el ceño.
—Somos novios. Debería estarte besando ahora mismo.
—Atrévete a hacerlo y te arranco la cabeza —masculla.
Sonrío. Me da curiosidad la manera tan agresiva en la que se comporta cuando algo la pone nerviosa.
Sus mejillas rojizas y ese jugueteo que tiene con la cinta de su sudadera la delatan.
—Tranquila, bonita, tenemos público —menciono para que se tranquilice.
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El arte de apreciar
Romance(Primer libro de la bilogía "Artes") Todos sus problemas se esfuman al ver el cielo.
