Capítulo 19: Daylight

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Emma

Mi mamá dice que cuando algo te hace sentir bien, debes aferrarte a ese algo, incluso con la fuerza que no tienes. Antes, para mí, ese algo era el cielo, los libros y la música, además de mis amigos y mi familia, claro. Ahora puedo sumarle algo más… bueno, alguien más. Él no solo me hace sentir bien; me hace sentir mucho. Todo ese amor que estaba escondido en mí, él lo hace salir, lo aprecia y cuida como si fuese a acabarse. Pero no sabe que no tiene fecha de caducidad: es y siempre será para él.

Me encojo al sentir el viento chocar con mi piel. El sol baja lo suficiente para que los edificios frente a mí lo oculten de mis ojos.

Me pongo de pie al escuchar mi nombre y anticipar que es Max, pero la sonrisa se me borra del rostro al darme cuenta de que no es él.

—Matías —murmuro—, ¿qué haces aquí?

—Ops, lamento no ser tu príncipe azul —exclama—. Estaba por aquí cerca y pensé en ti —sonríe de repente—. Hace tiempo que no hablamos.

—No… tenemos nada de qué hablar. No vuelvas a acercarte —subo el primer escalón, pero su brazo frente a mí me detiene.

—Yo creo que tenemos muchas cosas de qué hablar, Emma —trato de mantenerme firme al verlo dar un paso hacia mí.

—Entonces dime lo que tienes por decir y vete —exijo, cruzándome de brazos.

Pasa las manos por su cabello castaño.

—Así que terminaste y volviste con el guardaespaldas —niega con una sonrisita burlona.

—Lo que haga o no en mi vida es mi problema. Si no tienes nada importante por decir, entonces vete.

—Tranquila —ríe por lo bajo—. ¿Por qué tanta prisa? Dudo que tu novio se enoje al enterarse de que otro chico ha venido a verte, ¿o sí? —cuestiona dando un paso más cerca.

—No, estoy completamente segura que no. Soy yo quien te dice que te vayas, ahora —espeto—. No tienes nada que hacer aquí; creo que las cosas quedaron muy claras. No quedó nada pendiente entre nosotros.

—Primero me usas y me desechas como muñeco; después me restriegas a tu estúpido novio en la cara y dices que no hay nada de qué hablar.

—¿Disculpa? No hice…

—Pero, a pesar de todo, te perdono, Emma.

Suelto una risita irónica.

—No necesito tu perdón. Yo no te hice nada. Ahora vete —trato de subir las gradas, pero su mano en mi brazo me detiene otra vez.

Alzo el rostro y me alejo de su tacto. ¿Qué está pasando?

—Por qué, ¿eh? —acerca su rostro—. ¿Por qué no me aceptaste y a él sí?

Frunzo el ceño.

—Eso es algo que no debería importarte.

—¡¿Por qué?!

Su grito me hace dar un respingo. Max vendrá pronto; solo debo mantener la calma.

—Porque me enamoró, algo que tú nunca conseguirás.

Choco con la pared evitando su cercanía.

—¿Ah sí? —susurra con una sonrisa—. Ni siquiera me diste la oportunidad de hacerlo.

Mi pecho se mueve bruscamente por mi alterada respiración. Matías se me acerca cada vez más.

—Matías, vete —murmuro, tratando de atravesar la pared para alejarme.

El arte de apreciarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora