Maggie sacó dos grandes álbumes de la estantería y se los llevó a Juliette en el sofá.
−Estos son de los primeros años,−dijo Maggie, sentada al lado de su compañera. Se puso los lentes de lectura y sonrió cuando Juliette se inclinó hacia su bolso para recuperar el suyo.
−Nos llega a todos,−dijo Juliette con un elegante encogimiento de hombros que mostraba lo poco que le importaban los signos de madurez. Era Juliette por todas partes, sin inmutarse por la mezquina lucha de la vida. Se llevó lentes con aplomo y confianza. Es lo que la había hecho tan atractiva para Maggie cuando se conocieron.
−Aquí,−dijo Maggie, abriendo el libro en la parte delantera.−Aquí esta ella. Recién nacida y unas semanas después.
Juliette se ajustó los lentes y miró la foto de la recién nacida Rebecca envuelto en blanco y otro de ella acunada en los brazos de Maggie. La nota a continuación decía seis semanas.
−Oh,−exclamó Juliette.−Es hermosa. Mira esos ojos.−Y colocó las yemas de los dedos en la página como para acariciar a la niña.−Cómo extraño tener un bebé, ¿no?
Maggie miró la cara de Juliette y su expresión alegre. Ella podría haberse derretido.
−Adoro a Selene y a la persona en la que se ha convertido,−continuó Juliette,−y hay algo mágico en cada edad. Pero desearía poder sostenerla en mis brazos una vez más, sentir su piel tan suave como el ala de una mariposa e inhalar su aliento lechoso.−Ella acarició la página nuevamente y la melancolía cubrió sus rasgos. ¿Se arrepentía de no haber conocido a Rebecca ?
−Ella es hermosa. Y grande.−Juliette miró a Maggie con alarma.−Merde. ¿Seis semanas? ¿Tenía ese tamaño a las seis semanas?−Puso una mano consoladora en la rodilla de Maggie.
−Rebecca era malditamente enorme. Once libras al nacer. El pequeño Eli salió disparado como una pepita después de eso.
Juliette aulló de risa.−Bueno, mis partes femeninas acaban de apretar un poco la simpatía,−agregó.
Y Maggie intentó con todas sus fuerzas no pensar en las partes femeninas de Juliette.
Maggie pasó las páginas, desde los primeros años hasta el primer día de Rebecca en la escuela. Maggie sintió una sonrisa llorosa en su rostro. Rebecca se veía tan orgullosa, de pie junto a la puerta, que su pequeña mochila escolar estaba perfectamente sobre sus hombros.
Rebecca había estado entusiasmada por comenzar. No había durado. Para el tercer día cuestionó la necesidad de asistir a la escuela con tanta frecuencia y para la segunda semana rogó quedarse en casa. Extrañaba a Maggie, quería jugar osos y ogros en el jardín y hacerle cosquillas al bebé Eli. Maggie se aferró a su corazón. Era un deseo que daba por sentado cuando eran pequeños, su constante necesidad de su afecto. Maggie nunca superaría perderlo.
Olfateó y pasó las páginas.−La escuela secundaria,−dijo.
Había una foto tras otra de Rebecca sobresaliendo—jugando netball, actuando en la obra de la escuela—pero en la favorita de Maggie frunció el ceño. Los brazos de Rebecca estaban cruzados y su mandíbula sobresalía. Estaba lista para la discoteca de la escuela y no quería que mamá tomara otra foto mientras sus amigos esperaban. Era su decimotercer año y el comienzo de la distancia. Y aunque la foto rompió el corazón de Maggie, fue de la que estaba más orgullosa. Había una actitud más que un poco familiar en esa cara.
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Los Armstrong (Freenbecky)
Fiksi PenggemarLa encantadora doctora Freen Sarocha vive en la casita de sus sueños en Ludbury, el típico pueblo fronterizo inglés, hogar de los Armstrong. Maggie Armstrong, toda pasión y fuego, es como una madre más para ella, el amable Richard es una roca y Celi...
