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¡¡Estupendas noticias, le habían enviado flores!! Aunque desgraciadamente no le llegaron y no llegarían a sus manos, al menos no las mismas flores.

Donquixote Doflamingo recibió las buenas nuevas de Diamante, qué juntó a el vino y la tarjeta le habían anexado un opulento ramo de rosas. Que él, por supuesto imaginó que serían de un rojo pasión. Al enterarse bailó de la emoción sin caber por completo en toda su felicidad.

Con ello en mente espero. Y no eran nada más flores ordinarias sino rosas, ¡Qué desbordante emoción!, ¡Qué romántico!, ¡Qué galán! Se contentó en la espera de ese hermoso y halagador detalle pero el tiempo pasó y el regalo no llegó, Incluso llegó a pensar que Diamante le gastó una desagradable broma. 

Sus rosas no llegaron. 

Luego de un mes de espera se cansó de levantarse temprano por la mañana y esperar en la puerta por sus anheladas flores. Esto simplemente fue desalentador y agotaba su ilusión. Sin embargo continuó esperando con la carita empapada cada mañana a que le enviaran sus putas flores.

En medio de este ambiente triste le llegó una notificación del gobierno, una citación urgente a reunión de Shichibukai. 

No podía esperar. 

Esta maldita reunión llegó en muy buen momento. Esperaba tener alguna conversación con ese hombre, por pequeña que fuera serviría para animarlo y renovar su cansado corazón. Y podría calmar esta desabrida sensación de que se perdió algo importante y qué ahora solo estaba consolándose esperando a que llegue. Por esta razón, no por ninguna otra se preparó con mucha antelación para la reunión de los Shichibukai, se vistió con sus mejores galas, las gafas más brillantes y nuevas, el perfume caro, los zapatos de diseñador y supervisó hasta el último detalle del barco para  el viaje a la base marina. 

Sus rosas rojas no llegaron.


Crocodile estuvo ocupado concentrado en su casino hasta el último momento e inadvertido del terror que estaba a su acecho. 

—Que buen clima— Robin dijo contenta de no tener novedades. 

—Ni que lo digas— Y Sir Crocodile estaba de acuerdo con ella —que siga así. 


El mismo día de la partida un ave migratoria enorme de aspecto sospechosos sobrevoló su cabeza, Doffy levantó su vista hacía el animal. Él estaba impaciente fiscalizando que nada fallará y no quería distraerse con nada como le ocurrió los otros días por lo que lo ignoró tanto como pudo. 

El animal arribó grácilmente y extendió sus alas llamando su atención nuevamente. El ave sacó de su bolsa un gran gran ramo de rosas rojas tan grandes cada una que daban una maravillosa imagen general, Doflamingo que se había mantenido recto parado en su lugar casi se desplomó de espaldas, no se recompuso y le arrebató las flores de inmediato, e inhaló profundamente el aroma delicado y fragante que se sintió ebrio al momento. 

Sus flores llegaron. 

Sus ojos se aguaron. 

En ese momento Monet con su habitual traje de sirvienta bajo a informarle que el barco estaba listo para zarpar. Ella había verificado personalmente que no faltará ninguna provisión y que todas las reparaciones del barco estuvieran en excelentes condiciones cuando vio a su joven maestro limpiarse unas lagrimas para pasar desapercibido. Ella dio una señas para que aquellos de la familia abordaron en silencio sin mirar demasiado a Doffy, para darle la mayor privacidad posible. Subieron Giolla, Dellinger, Machvise, Bufallo y Baby 5, junto con ella serían los miembros de la familia los que acompañarían a Doffy a la reunión. 

Mi Emperatriz.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora