La primera noche de ambos que debió de ser especial, apasionada y llena de placer, la verdad solo estuvo llena de ronquidos, tirones de sábanas y hombres enormes y maduros girándose acostumbrándose a dormir con compañía. A ambos les pasó factura el cansancio del trabajo de días anteriores. Crocodile estuvo trabajando desde la última reunión en Marineford para preparar los detalles de la habitación secreta para Doflamingo, sus ropas, sus regalos y todos los agasajos, más su propio trabajo atrasado por la reunión con Sengoku, el almirante de flota. Mientras de Doflamingo cruzó la mitad del mundo usando solamente la habilidad de su fruta para luego llegar y atravesar un bravo desierto de Nanohana sin poder usar su habilidad comenzando por el puerto de la isla Sunny para llegar a Rain base.
Ninguno de los dos tuvo tregua ni misericordia con su propio cuerpo.
Por supuesto todo el esfuerzo igualmente valió inmensamente la pena. Y pudieron aprovechar lo mejor que pudieron con las energías restantes.
Platicaron toda la tarde, almorzaron, cenaron, bebieron y disfrutaron de conocerse mutuamente entre risas, juegos y peleas pero llegada la noche cuando los dos se tumbaron en la cama no pudieron hacer ningún movimiento efectivo contra el otro, por qué quedaron rendidos en la suavidad del lujo.
Esto fue vergonzoso para los dos en más de un sentido; tanto cortejo para después dormir sin cuartel en la compañía del otro.
Crocodile fue el último en despertar quizás por ser el mayor.
Su sueño profundo estuvo proporcional al cansancio acumulado y tanto fue que no despertó a las pesadillas de Doflamingo. Buscó al rubio, malhumorado ajustando su visión a la cantidad de luz de la habitación, había algunos indicios en la amplia cama y algunos sutiles rastros de calor extinguiéndose. Frunció el ceño y entrecerró los ojos adaptándose a la brillante luz de la mañana buscando por el lugar. Su habitación era el polo opuesto a esta brillante pieza.
Allí estaba.
Parado junto a la ventana mirando el exterior.
La luz del día le servía para alejar sus pesadillas, mirar desde lo alto le daba la seguridad de tener una distancia segura de las personas, los civiles, los humanos y todos esos insectos que estaban destinados a servirlo por su derecho de nacimiento. Este lugar proporcionaba todo para calmar sus nervios e hizo uso de el.
Era increíble el nivel de agasajo a su persona. No tenía nada que discutir al respecto,
Crocodile se sentó quejándose.
La edad ya no lo acompañaba, se digno a tener en mente para una próxima vez tener en cuenta.
Mentira, esto se debía a que estaba demasiado sedentario para variar. El pensamiento criticón rodó por su mente haciéndole daño.
A sus quejas discretas Doflamingo se acercó contentó de darle los buenos días, antes de soltar lo terriblemente cansado que estaba por viajar desde tan lejos. —Perdón por dormirme, estaba tan entusiasmado y terminé cayendo en la cama sin ninguna dignidad.
Pesé a todo estaba tan feliz que quería saltar por todos lados eufórico, que lo primero que viera al despertar fuera el rostro dormido de Sir Crocodile era algo de lo cual estar agradecido con todos los dioses, incluso aquellos que ya fueron derrotados.
—No me lo recuerdes, tampoco puedo recordar en que momento me dormí. ¿Me estaré haciendo viejo?— Crocodile mordió sus palabras con desagrado.
Doflamingo negó en el acto, ¡¡¿Viejo?!!, ¡Claro que no! Demente, tal vez. Por pensar de esa forma tan equivocada. —¡No estas viejo!— Lo abrazó rodeándolo por los hombros, poniendo su cabeza en su hombro y rodeando su cintura con su otra mano.
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Mi Emperatriz.
FanfictionBasada en la teoría de la Emperatriz Kuja que habría muerto de amor, y el pasado misterioso del implacable pirata, Sir Crocodile. Doflamingo se enamora por primera vez perdidamente de una mujer fría y meticulosa, que nunca le da chance, después de...
