El encuentro tan esperado no tuvo fuegos artificiales ni efectos especial, pero fue lo suficientemente memorable para ambos. Doflamingo se rindió cuanto antes y dejó a los otros jugadores de pool para irse con Crocodile.
Antes que pudiera decirle algo Crocodile dio el primer paso.
—Te luce bien y eso me alegra— el humo y su mueca ocultaban una sonrisa disimulada.
Estaba demás mencionar que se hallaba de muy buen humor porque Doflamingo había sabido como comportarse, al parecer ser un adulto en sus treinta por fin mostraba sus beneficios.
Doflamingo estiró ligeramente el cuello de su camisa riendo, luciendo con gusto su regalo —lo sé, no hay ropa que no me siente bien— le tiró un besito —gracias por el cumplido.
Levantó las cejas y miró a otro lugar de lo contrario terminaría sonrojándose si seguía mirándolo fijamente. A parte podía sentir su mirada intensa debajo de esos anteojos oscuros. Penetrante y persistente, si estuviera munición tendría varios hoyos atravesándole tanto el pecho como el culo. Crocodile frunció el ceño antes de devolver la atenta atención al rubio con una fea mueca de desprecio mientras se deleitaba todo lo que podía, ya lo conocía pero por la misma razón que lo escogió no una sino dos veces y es porque no se cansaba de verlo, porque le gustaba y lo encontraba atractivo. Aparentemente parecía que lo miraba con frialdad como si lo criticara mentalmente pero nada que ver con la realidad.
El hombre rubio tenía una silueta singular que estaba madurando muy lentamente, en sus veinte Crocodile lo conoció como alguien únicamente esbelto, sin curvas, sin atributos abundantes, ni encantos extras. Solo una línea recta desabrida del cuello hasta los pies pero ya entrado en los treinta su espalda tenía una marcada figura de triangulo invertido que se suavizaba gracias a su larga altura, sus piernas habían ganado musculo al igual que sus brazos, algo natural ya que era un gran luchador. Y se alegró de ser del tipo que va ganando masculinidad a medida que subía de nivel en la vida. Entre más miraba a Doflamingo sus cejas se arqueaban más dejando haciendo crecer el sentimiento de ansiedad en Doflamingo. Tanto así que este se reviso y registró con las manos, su cara, cuerpo, ropa hasta que confundido se cubrió para que Crocodile dejará de mirarlo tan fijamente.
—¿Qué es lo que haces?— Lo cuestionó incomodo.
—¿Ves qué molesta?— Crocodile le dio a entender que solo estaba devolviéndole un poco el favor pero en realidad solo estaba mirándolo detenidamente por su propio deleite.
Doflamingo hizo un puchero, pero es que no podía evitarlo. Su belleza lo embelesaba y no se daba cuenta que estaba mirándolo demasiado, era una conducta inconsciente. —¿Y cuándo estas durmiendo?
—Es aterrador, no lo hagas— se negó pero sabía bien que lo haría.
En ese momento sintió mariposas en el estómago, Crocodile acababa de decir que dormirían juntos, ¿No? Qué forma más sutil de decirlo.
Andando por los pasillos interiores llegaron en muy poco tiempo caminando a la habitación 034, Y Crocodile nada más cruzar el umbral deseo que el viaje hubiese sido más largo para no tener que afrontar aquello tan pronto.
La habitación estaba llena de fragancias, pétalos rojos y el espumante rosa a plena vista. Con esas intenciones tan obvias. Entró titubeando, se sentó aireado en el sofá. ¿Por qué olvidaba que era tan intenso? Quizás, solo se dejaba seducir y a la vez de pensar. Si, tenía que ser eso, dejaba de pensar. Sujetó el tabique de su nariz frunciendo su expresión.
Doffy se sentó a su lado completamente listo para la acción aunque muy poco sabia de el amor entre hombres: ¿Cómo lo hacían? y ¿Qué precauciones había que tener?. Nada de eso importaba cuando había amor de por medio. Se golpeó las piernas, y sonrió. —Te sientas en mi regazo.
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Mi Emperatriz.
FanfictionBasada en la teoría de la Emperatriz Kuja que habría muerto de amor, y el pasado misterioso del implacable pirata, Sir Crocodile. Doflamingo se enamora por primera vez perdidamente de una mujer fría y meticulosa, que nunca le da chance, después de...
