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Contoneó sus caderas para luego ir a sentarse sobre las largas piernas del Rey de Dessrosa. El rubio estaba distraído mirando por la ventana buscando lo que no podía obtener tan fácilmente. Por lo general no la ignoraba de esta manera, porque difícilmente reaccionó a su presencia y su cercanía, esto a ella le molestó y frunció su expresión de su bello rostro. 

Sus ojos marrones afilados lo interrogaron. ¿Estaba aburrido de ella?, ¿Ya se cansó de su relación?, ¿Iba a abandonarla?

El desinterés de Doffy podía acabar con su propia vida.

—¡Hey, Doffy!— Ella exclamó mostrando su molestia.

El rubio lejos de contestarle acordé solo la consoló con una suave y tenue caricia rodeándola con un brazo y acariciando su muslo. Su cuerpo estaba allí pero su mente estaba demasiado lejos, al otro lado del mundo. Extrañando y recordando, perdido y diluido en cada pequeño espacio de silencio, parecía reflexivo pero solo estaba anhelando todo aquello que se esfumaba de entre sus dedos, esa esencia, ese calor, ese olor todo dentro de su castillo parecía vacío en comparación, pobre y desabrido pero tenía que fingir una sonrisa, armar un buen humor y mantener a la familia contenta. Violet lo abordó en SU momento, cuando no tenía que ser el líder de nadie y solo necesitaba unos minutos más para volver a interpretar a ese hombre carismático, alegre y a veces bobo. Volver a ser el rey, el joven amo y el demonio celestial.

De dolores por pérdidas y ausencia, Violet los conocía bien. Supo de inmediato que le pasaba.

—¿Lo extrañas?—. Normalmente ella no sacaba el tema primero porque siempre surgía primero de la boca de Doflamingo. Y eso la ponía de mal humor luego recordaba que la presencia de Sir Crocodile había terminado por ser un gran alivio para ella. 

Doflamingo un amante implacable esta mucho más tranquilo y sosegado, podía hasta dedicarse un tiempo para ella y el terror a dejar de ser inútil como herramienta había disminuido "algo". Como si todo eso fuera poco siempre le llegaba un detallito menor a ella con una elegante tarjeta con alguna otra frase sacada de una tarjeta de felicitaciones barata, era increíble que por sencillo y vacío mensaje a ella le levantara el buen humor.

—Si, un poco— el tono triste no le quedaba. Se veía extraño en él. 

Un rostro del que emanaba tristeza, una profunda y retorcida tristeza. Ese puchero de cachorro. Ella no quería sentir empatía por él pero allí estaba, acarició su mejilla. Incluso estaba un poco desaliñado, se había dejado un poco de barba sin afeitar.  

—Doffy, se acerca tu cumpleaños ¿Por qué no eres un poco caprichoso para variar y lo llamas hasta acá y celebran anticipadamente tu cumpleaños?— Ella le propuso e incluso pudo percibir la fugaz alegría en su expresión hasta que este frunció el ceño debajo de esos lentes oscuros. —Ah, cierto—. Ella vio en su mente una serie de rostros de los familiares de Doffy que harían un escándalo y entre escena y escena llena de drama acabarían acaparando la atención de Doflamingo y no podría pasar nada de tiempo con Sir Crocodile. Ella volvió a proponer. —Como es tu cumpleaños me los puedo llevar a buscarte alguna solicitud de regalo poco realista a otra isla y ustedes aprovechan esa ausencia en el castillo. 

La levantó de subito con una sonrisa de oreja a oreja.

¡Esa era una buena idea!

Allí entre sus brazos la abrazó como si se tratara de una bendición. El rubio la hizo girar en el aire. Violet de rio un poco, él era feliz con muy poco. Incluso solo con una simple ilusión.

—Tienes que llevarte a Trébol, Giolla, Marschvise, Gladio, Baby5, Bufalo y a Dellinger— le dijo para estar completamente en la misma sintonía, ella asintió de acuerdo más o menos pensaba en los mismos nombres aunque se sorprendió de que también incluyera a los niños. 

Mi Emperatriz.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora