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Caminando uno junto al otro, lado a lado, disfrutando de la compañía mirando la distribución del jardín mientras cambiaban de edificio en silencio cuando el más alto hizo un intento de inicio de conversación.

—Amor— lo llamó.

De pronto fue como el tiempo y el espacio se congelaran. El silencio se cernió sobre ellos. Un silencio incomodo que percibieron ambos interrumpió el ambiente.

—¿Te gusta la... ?

Crocodile escupió el humo de su avaro sobre la cara de Doflamingo para detenerlo. —¿Amor?, ¡Qué puto asco!—. Hizo arcadas con los ojos en blanco en ese momento.

Su agresión no fue pasada por alto, Doflamingo intentó sujetarlo y agarrarlo de la cabeza con ambas manos mientras se le marcaban las venas del rostro. —¡Dije A.M.O.R.! ¿Si te gusta la... 

—¡No me llames así maricón!— Usó su fuerza para poner distancias con el rubio cuanto antes.

El rubio perdió la paciencia.

—¡Ven aquí te daré un besito!— Cualquier cosa que le hiciera Crocodile podría pasarla por alta después de la unirse por primera vez. dormir por primera vez juntos y volverse oficialmente marido y mujer... marido y esposo, o esposo y esposo. 

Su pensamiento se enredó, ¿Cómo podían llamar a esto?

Se pelearon en el pasillo del resort lejos de los ojos de los huéspedes y de los empleados. 

Solo salieron a dar un pequeño paseo mientras limpiaban la habitación de Doflamingo y ahora iban a almorzar al comedor que se reservó solo para ellos. Crocodile le golpeó con el garfio justo en la cara antes que lo besara a la fuerza. 

Este era su último día, al menos en lo que cabe de este encuentro. 

El rostro sonriente de Doflamingo rallaba en una expresión de un idiota feliz que a Crocodile se le hacía insoportable.

Lo llevaba escrito en toda su expresión, incluso brillaba de lo feliz que estaba. La calidad de su piel incluso había mejorado. Por su parte Crocodile solo quería unos días de vacaciones y descansar de este pajarraco lujurioso. Apresuró su paso para llegar cuanto antes al comedor, estaba jodidamente hambriento. Con tanto sexo seguramente había perdido peso y sin lugar a dudas estaba deshidratado.

El enorme salón detallado hasta el último centímetro del lugar estaba implacablemente vacío, lleno de silencio e inmaculadamente limpio. Una gran mesa los esperaba preparada al medio del todo. La cristalería estaba dispuesta como una obra de arte junto con dos cartas de menús, Crocodile hizo el gesto de tomarla para verla pero pronto la dejó a un lado desinteresado fue Doffy quien la leyó en serio pero las opciones eran acotadas, la mitad de ella era dudosamente impronunciable tal vez si las leyeran varias veces para practicar sería posible. 

Crocodile le preguntó —¿Pido yo?

—Seguro— El rubio continuó leyendo pero hasta ahora Crocodile no le había dado nada incomestible, podía confiar en su juicio culinario. 

Crocodile le hizo una seña a un empleado que se quedó de pie en la entrada del comedor. el cual desapareció con las escuetas señas de su empleador. Ante los ojos de Doflamingo era admirable el gran trabajo de entrenamiento hacia su personal aunque no era su estilo le resultaba increíble. Le dedicó una sonrisa cuando fue descubierto mirando al Sir Crocodile por demasiado tiempo. 

—¿No me vas a extrañar?— Le preguntó sosteniendo la carta del menú entre sus manos. Actuaba como una damisela en situaciones así.

Por fuera parecía que había madurado por completo pero solo era un mocoso mimado que pensaba que el mundo giraba a su alrededor. 

Mi Emperatriz.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora