11| Manual para la 'cita' perfecta

956 72 5
                                        

Maia.

—¿Entonces? ¿Cuál te gusta más?

—Por décima vez, Maia: el rosa. Prefiero el rosa.

Me sobrepongo el vestido frente al espejo y me muerdo el labio con indecisión. Veo a Hanna por detrás de mí, sentada en el escritorio de mi habitación; ha mezclado su maquillaje con el mío y ahora revuelve entre las barras de labios en busca de la adecuada. Al parecer, no soy la única que tiene una cita esta noche. No conozco a ese Mingyu, pero las cosas deben irle bien con Hanna, ya que no ha tardado ni dos días en invitarla a cenar.

—Creo que voy a quedarme con el azul —reflexiono en voz alta, cogiendo el otro vestido para imaginar cómo se vería puesto.

—En realidad, son bastante parecidos, muy en tu línea —dice ella, encogiéndose de hombros. Luego suspira al mirarme, notando lo inquieta que estoy—. Relájate, ¿vale? Es solo una cita. Saldrá bien.

Pongo los dos vestidos sobre la cama y los observo con un suspiro. Ahora que lo pienso, Hanna tiene razón: son parecidos, sencillos y recatados. No hay nada especial en ellos, igual que ocurre con la mayoría de mi ropa. Sinceramente, ni recuerdo por qué me los compré. Supongo que están dentro de mi zona de confort; estoy acostumbrada a vestir siempre de la misma manera.

—Maia, linda... —Hanna suaviza el tono, se acerca por detrás y me pone las manos sobre los hombros—. Irás bien con cualquiera de los dos, créeme. Escoge el que más te guste. Los dos son muy tú.

—Ese es el problema —murmuro para mí misma.

—¿Es un problema que sean de tu estilo? —pregunta arqueando las cejas—. Porque no hay nada de malo en ser como eres. Y no deberías intentar cambiar solo para conseguir aprobación masculina. No merece la pena.

Por alguna razón, eso me sienta como una patada en el estómago.

—No intento...

Pero no me deja terminar la frase.

—Tengo que irme. Mingyu ya debe estar fuera.

Me hace girar sobre mis talones y sonríe, mirándome a los ojos.

—Saldrá bien, ¿vale? Solo confía en ti misma. Te llamaré para contarte cómo me ha ido en mi cita después.

Me da un abrazo corto, coge su bolso y abandona la habitación. No tardo en oír el sonido de la puerta principal al abrirse y cerrarse. No lo ha dicho, pero imagino que también espera que yo la mantenga al tanto de cómo me va con Tae.

Me siento en la cama y hundo la cara entre las manos. Dios santo... Mientras más lo pienso, menos me apetece salir esta noche. Necesito consejo, así que cojo el móvil y, dado que Hanna no está disponible, llamo a Jenny.

Contesta al tercer tono.

—¿Estás ocupada? —Es lo primero que pregunto, sin querer ser una molestia.

—Nunca para ti —responde ella. Imagino que sonríe—. ¿Qué ocurre? ¿No deberías estar ya con Tae?

—Vendrá a recogerme en un rato —le explico mientras me levanto y miro los vestidos con incertidumbre. Cierro los ojos un momento antes de soltar—: ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro. Dispara.

—¿Cómo lo consigues?

—¿El qué?

—Ser tan libre. Tan... tú. —Trago saliva, sintiendo la boca seca—. Siempre que hablo contigo, siento que eres una persona auténtica. Haces lo que quieres, cuando quieres, y parece que no te importa la opinión de los demás. Sin embargo, yo...

INOLVIDABLESHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora