19| La ducha

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Maia.

Me despiertan unos golpes en la puerta.

—¡Maia! —chilla Hanna—. ¿Estás lista?

—Si tuviera que despertarme así todos los días, te juro que me pegaría un tiro. O dos. Uno en cada oreja —masculla Jungkook detrás de mí.

Noto algo pesado sobre mi costado. Su brazo. Lo utiliza para tirar de mí y pegarme a su cuerpo. No dormimos abrazados, por lo que debemos haber cambiado de posición durante la noche. Cierro los ojos cuando esconde la nariz en mi cuello. Sentirlo tan cerca me acelera el corazón, sobre todo cuando recuerdo lo que pasó ayer en esta misma cama.

Hanna sigue aporreando la puerta.

—¿¡Maia!? —exclama, dando más golpes.

—Estoy despierta —mi voz suena cansada. Hablo alto para que me escuche y pare de una vez.

—Claro que lo estás —suspira Jungkook.

—Menos mal —Hanna, por fin, parece relajarse—. Mingyu y yo vamos a ir a desayunar antes de clase. ¿Estás lista o nos largamos sin ti?

Así que se han reconciliado. Me invade la irritación ante su tono brusco, pero se lo atribuyo al mal despertar y procuro tranquilizarme. ¿Qué asignatura tengo los lunes a esta hora? Si me cuesta tanto acordarme, es que no debe ser tan importante.

—No creo que vaya a ir a clase a primera hora —contesto—. No me encuentro bien.

Lo último que me apetece ahora mismo es salir de la cama.

—Mentirosa —susurra Jungkook. Por su voz sé que sonríe.

Tira un poco de mi camiseta para darme un beso en el hombro. Noto un cosquilleo y, por instinto, muevo el cuello para darle más acceso.

—Tendrás que llevarme tú a la facultad —le advierto en voz baja.

—Puedo llevarte —murmura, metiendo la mano bajo mi camiseta para agarrarme la cintura—, pero no prometo que vaya a dejarte salir del coche.

Su voz ronca me eriza la piel. Dios santo.

—¡Muy bien! —responde Hanna desde el otro lado de la puerta—. ¡Me voy sin ti!

Con suerte, no encontrará el camino de vuelta.

Me doy la vuelta sobre el colchón para mirarlo.

—No seas... —No llego a terminar la frase.

Sin previo aviso, me levanta y me deja sentada a horcajadas sobre él. Sus manos se posan en mis muslos y los aprietan con fuerza. Estoy inclinada hacia adelante, de manera que nuestros labios quedan a apenas centímetros de distancia. Verlo recién levantado, con el pelo revuelto y la camiseta arrugada, me provoca un tirón en el estómago.

—Hanna sigue en casa —le recuerdo en un susurro.

—Más te vale estar en silencio, entonces.

Sin dejar de mirarme con esa expresión burlona, sus manos vuelven a colarse bajo mi ropa. Se me corta la respiración cuando roza la parte baja de mi pecho con los dedos.

¿No será capaz de...?

—Por cierto —la voz de Hanna vuelve a sonar detrás de la puerta.—Jungkook detiene sus caricias, tan sorprendido como yo de que siga ahí.—Unas amigas vieron a Jeon Jungkook en un local el sábado pasado. Dicen que se pasó toda la noche tonteando con una chica.

Lo miro a los ojos. Contra todo pronóstico, una sonrisa burlona comienza a formarse en sus labios.

—Me pregunto qué pensaría si supiera todo lo que hice con esa misma chica anoche —murmura divertido.

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