18| El acuerdo de Jungkook y Maia

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Jungkook.

Jisoo fue quien me enseñó este lugar.

Le doy un trago a la cerveza mientras miro las luces de la ciudad desde nuestro rincón del mirador. Estoy sentado en el suelo, y la brisa fresca mueve las hojas caídas de los árboles. Reina el silencio, como siempre que vengo aquí. Echo un vistazo hacia la llanura a mi derecha, donde ya solo quedan tallos y hojas secas.

Los rosales silvestres también murieron el invierno pasado, cuando ella se fue.

No sé por qué sigo viniendo aquí.

Vuelvo a beber y hago una mueca de disgusto al saborear la cerveza. Es la única marca que venden en la gasolinera más cercana, y es jodidamente horrible. Es la misma que me han servido en el local esta noche, pero no consigo acostumbrarme al sabor. No me extraña que a Maia no le gustase.

Maia. Joder.

Me siento un imbécil cada vez que pienso en lo que ha pasado entre nosotros.

¿Tenía intenciones de besarla esta noche? Por mucho que me joda tener que ser honesto, llevo semanas muriéndome por hacerlo. Por eso la he provocado tanto. Quería saber si podía ceder. Y lo ha hecho. El beso, ella, han sido absolutamente espectaculares, incluso mejores de lo que me había imaginado. Habríamos llegado mucho más lejos en ese dichoso aparcamiento si no hubiera escuchado a la voz de la razón.

No puedo hacerle esto.

No si no quiero convertirme en esa mala persona que todo el mundo cree que soy.

Mi móvil tintinea con una notificación. Me siento aún peor cuando percibo que, en el fondo, deseo que sea Maia. Pero no es un mensaje suyo, sino de Jenn. Me ha enviado una nota de voz. Suspiro al darle a reproducir.

— ¡Hijo de tu grandísima...!

Lo paro antes de que despierte a todos los animales que duermen cerca del mirador.

Si hay algo más terrorífico que Jenny a secas, es Jenny enfadada. Y ahora lo está. Conmigo. Mucho, además. Y con razón.

Me consuela al menos saber que Maia me ha hecho caso y ha vuelto con ellos en lugar de irse andando sola a casa, aunque eso implique que ahora mis amigos también saben que soy un imbécil. Jenny se me lanzará a la yugular en cuanto me vea. Hoseok, en cambio, ha sido comprensivo. Me llamó por teléfono hace rato. Sabe dónde estoy, pero no se pasará por aquí porque le dije que prefería estar solo. Notar la decepción en su voz cuando respondió que haga lo que quiera me dolió más de lo que estoy dispuesto a admitir.

Solo quiero hacer las cosas bien.

¿Por qué diablos tiene que ser tan... difícil?

Necesito distraerme, así que pongo el móvil en silencio y lo guardo en la mochila antes de sacar la tableta gráfica. Dibujar suele ayudarme a desestresarme, pero ahora solo empeora la situación. Nada más encender la pantalla, veo el archivo que dejé abierto la última vez que la usé: el tatuaje de Hyujin, que aún no he diseñado.

No es que no se me haya ocurrido ninguna idea. El problema es que soy demasiado egoísta como para prestárselas. Hay recuerdos de Jisoo que no quiero compartir con nadie. Prefiero que sean solo nuestros. Por eso ni siquiera me he planteado tatuarle sus ojos, como los tengo yo en mi brazo.

Maia me dijo que tenía que encontrar algo que la diferenciara, que fuera solo suyo. 

Como las huellas dactilares.

O las palmas de las manos.

Antes de plantearme realmente lo que estoy haciendo, cojo el celular de nuevo y entro en la galería. Pulso sobre la carpeta en la que guardo las fotos con Jisoo. Los recuerdos me caen encima como un alud, y noto una presión dolorosa en el pecho. No soportaré mirarlas mucho rato. Bajo rápidamente hasta que encuentro una en particular.

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