Maia.
Hace años desde la última vez que pisé un cementerio.
Un cielo cubierto de nubes oscuras se alza sobre los árboles a los que el invierno ha arrebatado las hojas. Hay un camino de grava que parte de la entrada y conduce más allá de la colina. Me invade el pensamiento de que, quizá, en primavera, cuando los campos se llenen de flores, este lugar será bonito. Ahora es gris, como un cuadro antiguo al que los años le han deteriorado el color. El frío hace que tenga que rodearme con los brazos para mantener el calor dentro del abrigo.
Cuando cruzo el portón de piedra de la entrada, todavía no tengo muy claro qué estoy haciendo aquí. Después de hablar con la señora Turker, solo podía pensar que necesitaba ver a Jungkook. Eso es lo que me ha impulsado a llamar a su abuela nada más salir de casa. Naby y yo también llevábamos diez días sin hablar. Me ha parecido notar un deje de tristeza en su voz cuando ha respondido el teléfono y se ha dado cuenta de que era yo. Me ha dicho que, con suerte, podría encontrar a Jungkook aquí. Así que he venido.
Como todavía no tengo coche ni carnet de conducir, he tenido que coger el autobús. El trayecto ha durado unos cuarenta minutos, aproximadamente, y cuando me he bajado en la última parada (la del cementerio del pueblo de al lado, donde vivía Jisoo) he visto el coche de Jungkook en el aparcamiento. No sabría decir si eso me ha dado ánimos para seguir adelante o si casi hace que me eche atrás. Por suerte, el autobús se ha ido antes de que pudiera plantearme subir otra vez.
Mis botas salpican en los charcos del suelo mientras sigo el camino. Ha estado lloviendo todo el día y no me sorprendería que dentro de un rato empezara otra vez. Es miércoles, son las ocho de la noche y hace un frío terrible, por lo que el cementerio está prácticamente vacío. Solo hay un chico que, con las manos hundidas en los bolsillos de la sudadera, está apoyado contra una de las columnas que sostienen el techo de los laterales del recinto.
—Hola. —Mi voz no ha sido más que un susurro, pero, con lo seca que noto la garganta, me sorprende incluso haber sido capaz de hablar.
Jungkook aparta la mirada de la lápida para fijarse en mí. Es difícil descifrar lo que esconde su expresión, además de un profundo cansancio. Verlo tan demacrado hace que me pregunte si habrá dormido bien estos días. Me recrimino que, en realidad, no debería importarme; lo que había entre nosotros se ha terminado, así que ya no es asunto mío.
Y, sin embargo, aquí estoy. Porque sí que me importa. Y porque sé que Jungkook me necesita.
—Hola —contesta, todavía con los hombros hundidos.
Me está mirando a los ojos, lo que me provoca un torrente de emociones que me sacude por dentro. Llevo la vista al frente. Si bajo la guardia, puede que me eche a llorar, y no es el momento para eso; no he venido para hablar de mí o de nosotros, por mucho que el peso de la culpabilidad me oprima los pulmones.
Hay dos rosas rojas en el suelo, justo delante de la lápida. Aún no están marchitas. Debe de haberlas traído él.
Jisoo
27/12/2000 - 27/12/2022
Jisoo murió el día de su cumpleaños.
No tenía ni idea.
—Hoy no soy la mejor compañía del mundo, Maia —dice Jungkook a mi lado. Lo miro de reojo; él también ha bajado la vista a la tumba. No suena molesto, sino cansado, como si solo quisiera evitar discusiones—. Entendería que prefirieras marcharte. No estoy de humor para hablar con nadie.
—No tenemos por qué hablar.
Eso no significa que vaya a dejarte solo.
Para darle más énfasis a mi respuesta, me siento en el suelo. Jungkook permanece de pie durante unos largos segundos. Al final decide sentarse también. Me rodeo las piernas con los brazos mientras observo cada uno de sus movimientos. Estamos demasiado lejos. Nuestros hombros ni siquiera se tocan.
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INOLVIDABLES
FanfictionLa vida no es justa, y eso Jeon Jungkook lo sabe muy bien. Después de una dolorosa pérdida, su corazón se ha vuelto hermético, frío e inquebrantable. No le interesa si creen que es el malo de la historia. Maia, por otro lado, nunca se ha sentido la...
