Capítulo Extra: Hasta ser inolvidable

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Maia.

El motor de la furgoneta ronronea suavemente mientras avanzamos por una carretera solitaria. A nuestro alrededor, las montañas se tiñen de dorado con los últimos rayos del sol, y el cielo empieza a llenarse de tonos rosados y violetas. La brisa entra por la ventanilla, enredándose en mi cabello y llenando el aire con el aroma de la tierra mojada después de la lluvia.

Voy descalza, con los pies apoyados en el tablero, y un libro abierto sobre mis piernas. Jungkook, en cambio, está sentado en la parte trasera de la furgoneta, apoyado contra un montón de cojines, con su tableta gráfica sobre las rodillas y el ceño fruncido en concentración.

Hemos parado en un mirador, con una vista perfecta del horizonte. La radio suena bajito, con una melodía tranquila, y la atmósfera se siente irrealmente perfecta.

—¿Qué dibujas? —pregunto con curiosidad, girándome en el asiento para mirarlo mejor.

Él sonríe sin apartar la vista de la pantalla.

—Ven y te muestro.

Me arrastro hasta donde está, acomodándome a su lado, y dejo que mi cabeza descanse sobre su hombro. Cuando miro la pantalla, mi aliento se queda atrapado en mi garganta.

Es un dibujo de nosotros. Estoy sentada exactamente como hace un momento, con el cabello alborotado por el viento, y él está junto a mí, con la tableta en sus manos y una expresión serena. Pero hay algo más: sobre nuestras cabezas, ha dibujado un cielo estrellado, aunque el sol aún no se ha ocultado.

—¿Por qué las estrellas? —susurro.

Jungkook finalmente me mira, con esos ojos que siempre han sabido leerme mejor que yo misma.

—Porque incluso cuando no las ves, siguen ahí. Como tú para mí.

Mi pecho se llena de una emoción cálida, de esas que se sienten en la piel y en los huesos. Lo miro, y en ese instante, todo lo demás desaparece.

—¿Sabes? —dice él, su voz más baja ahora, como si el momento fuera demasiado frágil para romperlo—. Nunca imaginé que mi vida terminaría así.

—¿Así cómo? —pregunto, acariciando suavemente su rostro.

—Recorriendo el mundo contigo en una furgoneta, sin preocupaciones, sin miedos. Sin sentir que tengo que estar en otro lugar para ser feliz.

Apoyo la cabeza en su pecho y cierro los ojos.

—Quizá la felicidad nunca tuvo que ver con un lugar, Jungkook —susurro—. Quizá siempre fuiste tú.

Él entrelaza su mano con la mía y la aprieta con fuerza.

—Sigamos así —dice, mirándome con esa intensidad suya que me deja sin aliento—. Sigamos dibujando, escribiendo, viviendo. Hasta ser inolvidables.

Mi corazón se acelera. Lo miro y sé, sin la menor duda, que esto es todo lo que quiero.

—Te amo, Jungkook.

Él sonríe, con la misma certeza reflejada en su mirada.

—Te amo, preciosa.

Nos besamos de nuevo, con el mundo desdibujándose a nuestro alrededor. Y mientras la furgoneta sigue estacionada bajo el cielo que poco a poco se llena de estrellas, sé que este no es un final.

Es solo el comienzo.



FIN.




A mis lectores:

Cada historia tiene un final, pero lo que sentimos por ella nunca desaparece. Gracias por acompañarme en este viaje, por cada página leída, por cada emoción compartida.

Nos vemos en la próxima historia. 💙

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