32 | A contratiempo - Capitulo final.

712 52 17
                                        

Maia.

Esa semana descubro que, por más que uno lo desee con todas sus fuerzas, no se puede detener el tiempo.

Jungkook y su abuela encuentran alojamiento en Weimar, Alemania, más rápido de lo previsto. Así que Jungkook informa a la universidad de que podrá asistir al programa desde el primer día y compran billetes de avión para finales de la próxima semana. Eso nos deja diez días de margen, que transcurren a toda velocidad. Aunque él está ocupado con trámites y organizando su vida antes de marcharse, sacamos tiempo para vernos todos los días. Pasamos las noches juntos y yo procuro acompañarlo a todas partes, sobre todo cuando tiene que enfrentarse a alguna situación que sé que le costará especialmente.

—Entonces, ¿volverás? —le pregunta Jay, su jefe, cuando Jungkook va por última vez al estudio para despedirse de él y de sus compañeros de trabajo.

—Estaré de vuelta para el próximo curso.

—A no ser que te enamores de Alemania.

—Hay demasiadas cosas que me atan aquí, Jay—contesta Jungkook, y yo le dedico una sonrisa cuando me mira de reojo.

Después, Jay le da un abrazo. Hay algo familiar en ese gesto, como si fueran padre e hijo. Quizá por eso tienen un vínculo tan fuerte. Jungkook nunca ha estado muy unido a sus padres, y me da la sensación de que ha encontrado en su jefe una especie de figura paterna.

—El trabajo seguirá siendo tuyo cuando vuelvas, chico —le asegura Jay, con una sonrisa torcida—. No creo que vaya a encontrar a nadie más que quiera trabajar en un cuarto tan pequeño.

Luego, Jay me abraza a mí también, alegando que estaba deseando conocer a «la chica de la que Jungkook no deja de hablar». Alzo las cejas y miro al susodicho, que se frota la nuca, incómodo, lo que me hace sonreír. Me entran ganas de atiborrar a Jay con millones de preguntas, pero me contengo. Me dice que puedo pasarme a saludar siempre que quiera y, aunque la idea me encanta, no puedo evitar preguntarme si seré capaz de pisar este lugar una vez que Jungkook se haya ido.

Ahora todo lo que hacemos juntos se siente como una última vez, y eso me provoca un nudo en el estómago, pesado, punzante y doloroso durante toda la semana. Me entristece pensar que, de no ser por eso, habrían sido unos días maravillosos. Ahora estamos juntos de verdad, sin límites. Puedo besarlo en el aparcamiento cuando viene a recogerme de clase, darle la mano cuando me apetece y dejar que me pase un brazo sobre los hombros cuando estamos con nuestros amigos en el Kim's. Cada vez que se refiere a mí como «su novia» delante de alguien, mi corazón da un pequeño salto. Nunca antes nadie había parecido tan orgulloso al decir que sale conmigo.

Hace unos días, mientras estaba con él en su dormitorio, vi que había colgado una ilustración nueva en la pared. Es la que le vi dibujar hace unos meses, en el Kim's. Ahora aparecen dos personas sentadas en el techo de una furgoneta, mirando el atardecer. Llevo desde entonces preguntándome si seremos nosotros. Me gusta pensar que sí.

Como es evidente, Hoseok se burla de él siempre que tiene la oportunidad. Entonces, Jungkook se cabrea, lo manda a la mierda y yo me río, porque sé que, en el fondo, Jenny y él se alegran por nosotros.

El miércoles, justo un día antes de que se vayan, Jungkook y yo quedamos en dormir juntos en su casa para que a la mañana siguiente pueda acompañarlos al aeropuerto. Yo también tengo asuntos pendientes, así que le pido que me recoja un poco más tarde en la facultad.

Al salir de clase, voy directa al Kim's. Cuando entro, veo a una chica rubia sentada en una de las mesas del fondo, esperándome.

Allá vamos.

—Hola —la saludo al llegar.

Hanna alza la mirada y traga saliva.

—Hola —responde con incomodidad.

INOLVIDABLESDonde viven las historias. Descúbrelo ahora