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-¿Dónde está esa libreta?- me preguntó Mike mientras se acercaba lentamente, probablemente para hacerme sentir dominada y amenazada.

-Eso solo ella y yo lo sabemos. Si me liberan los ayudaré. Sino no hay trato.

Ambos volvieron a mirarse entre sí. Ben le hizo un gesto a Mike para que se acercara.

-No creo que sea buena idea, su mamá hablará tarde o temprano- le dijo Ben en voz baja. En realidad, tenía razón: no tendrían razones para liberarme.

-¿Cuánto tiempo más creen ustedes que tardará mamá en confesar?¿Unas horas? Aunque tal fuere el caso, algunas personas ya comenzarían a preocuparse por nosotras. Me pregunto que pensarán nuestros conocidos si van a nuestra casa y no estamos.

Mike me miró durante demasiado tiempo fijamente. Estaba enojado, eso era evidente. Por primera vez había logrado confundirlo, hacerle creer que ahora yo estaba en ventaja, cuando en realidad todo se trataba de un juego psicológico. Un engaño que inventé en cuestión de segundos, pero que extrañamente estaba funcionando.

-Muy bien, te liberaremos y nos llevarás hasta esa libreta- dijo finalmente y tuve que resistirme de sonreír-. Por supuesto llevarás las manos atadas.

No me quejé, pues ya estaba satisfecha con mi logro. Ben se acercó y me desató primero los tobillos y luego las muñecas. Qué alivio. Sin embargo, aquel placer se me arrebató puesto a que volvió a atarlas pero esta vez adelante mío.

-No intentes huir, Romi. Tengo miedo de lo que pueda hacerte si intentas algo, no seas tonta- me susurró mientras terminaba de hacerme el nudo.

-Mejor preocúpate por tus cosas- les respondí con la intención de sonar cortante y enfadada.

Me paré y caminé hacia la puerta con la mano de Ben sosteniendo mi brazo con poca fuerza. Mamá estaba preocupada.

-Romi- exclamó antes de que me fuera por la puerta.

Me giré a mirarla. Cerré ambos ojos al mismo tiempo lentamente, a modo de hacerle saber que todo estaría bien. Aún así, ambas sabíamos que no había garantía de que eso fuera así. Menos yo, que comencé a tener escalofríos ni bien pasé por al lado de Mike. Aquel hombre me asustaba, pero debía ganarle y sabía que eso no sería posible si no tomaba acción.


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Subimos las escaleras lentamente y nos quedamos en el living. Busqué inmediatamente algún reloj en el que leer la hora, pero no había.

-Necesito el celular- les dije de repente.

-Ni hablar- dijo Ben.

-¿Qué quieres con el celular?- me preguntó Mike, siempre pensando dos veces antes de hablar, a diferencia del otro.

-Debo escribirle a Selene, hacerle saber que estoy bien- les dije, pero no parecían estar convencidos-. Debo hacerlo, de lo contrario sabrá que algo está mal y querrá buscarme. No tardará en llegar aquí.

-Muy bien- dijo Mike y dejó el celular en la pequeña mesa del living.

Me agaché para abrir el celular, contraseña, Whatsapp y fui hasta el contacto de Selene. Mike también se agachó para ver lo que estaba haciendo.

-¿Qué le escribirás?- me preguntó antes de que comience a tipear.

-Pensaba en algo como: "Perdón que no te escribí, estuve enferma".

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