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-Debe estar aquí dentro, debe estar aquí, oficiales.

-Señorita, nos encargamos nosotros- me dijo uno de los oficiales, al parecer también algo harto de mi actitud.

No podía evitarlo. Hartar a las personas cuando quiero algo es parte de mi esencia, y a veces me arrepentía pero en otras, como aquella vez, se justificaba. Se trataba de mi amiga.

-Si quieren puedo enseñarles la casa, oficiales- les dijo Mike amablemente.

No dijeron nada, pero comenzaron a seguirlo cuando lo dijo.

-Les mostraré primero el piso de arriba. Sepan disculpar el desorden.

Me dispuse a seguir al grupo, pero me giré sabiendo que Ben estaba detrás mío.

-¿No subes?- le dije para que lo hiciera.

-Enseguida voy- comenzó a caminar, pero antes de que pisara el primer escalón lo tomé del brazo.

-Ben, escucha, por favor. Sé que estás asustado, que no quieres decepcionar a Mike y que tu fidelidad hacia él es más fuerte que ti, pero...

-No sigas.

-Pero debes pensar en lo que es correcto. De verdad, tú querías a Romi y estoy segura de que aún lo haces. Sé que ustedes la tienen, no me interesa por qué, pero necesito pedirte como su mejor amiga que la liberen. Los cargos no serán los mismos para tí que para Mike, él sufrirá la mayor parte de las consecuencias. Puedo ayudarte, pero por favor...

-Suelta- me dijo zafándose de mí.

Quizás no me lo digas ahora, pero te conozco Ben. Hablarás tarde o temprano.

Subimos para encontrarnos con la policía inspeccionando la habitación de invitados. Mike, entre tanto, molestaba a los oficiales haciéndoles preguntas como: ¿cuándo desapareció?¿y su madre?¿la buscaron en todos lados, seguros?¿cómo no supe de esto antes?

Aún no me tragaba su cuentito. Mike nunca me cerró: las personas más agradables pueden ser las que más decepcionan. Crecí pensando eso, y aún lo sostenía.

Miré a Ben, y su mirada estaba perdida. Sin dudas estaba pensando en lo que le dije antes, ojalá estuviera considerando confesar.

-No parece haber nada sospechoso aquí- concluyó un oficial y el resto coincidió.

Pasó lo mismo con el resto de las habitaciones arriba y abajo. Ningún objeto de Romi, nada extraño. Nada. ¿Romi solo desapareció? No pude evitar pensar en que me había preocupado demasiado y que quizás me precipité temprano. Al fin y al cabo, solía irme por las ramas muy rápido.

-Bueno, no parece haber nada extraño- dijo el oficial Martínez.

-Esperen, la llamaré- dije antes de que todos se dispusieran a marcharse.

Hice lo propio y todos esperamos. Nuevamente, nada. Estaba en shock, completamente sorprendida.

-No, esperen, quizás no buscaron bien- les dije antes de que se despidieran.

-Lo hicimos, esté segura de ello.

-No, ¿cómo no puede haber nada? Esperen, ni siquiera los interrogaron debidamente.

-No tengo problema en ser interrogado, si así lo quieren oficiales- se ofreció Mike.

-No será necesario, señor Lux. Lamentamos haberlos interrumpido en el día de hoy.

-¿Ben? Diles- lo llamé al ver que seguía pensativo.

Levantó la mirada y se encontró con la mía. Realmente creí por un instante que confesaría todo, pero se limitó a decir:

Club NocturnoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora