FIN

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La policía aún no logró localizar a Mike. Yo, lejos de estar preocupada, me encuentro disfrutando de la vida al máximo. ¿Cómo puedo estar tan tranquila? Ni siquiera yo lo sé, pero supongo que todo lo que había vivido hacía menos de un año me había hecho apreciar más el simple hecho de estar viva y rodeada de gente que me quiere.

Aquel encuentro con Renata también me había marcado. De hecho, ahora la visito unas dos o tres veces por mes. Si, en parte para que no se sienta sola, pero también porque se ha convertido en una especie de amiga.

Mi amistad con Selene se había hecho más fuerte que nunca y nos vemos casi todos los días. Bueno, ahora que tiene novio ya no tanto, pero ya será hora de que nos presente. Mientras tanto puedo entretenerme con mis amigos de la universidad.

-Romi, iré a hacer un par de compras- me grita mamá desde la cocina mientras estudio en mi habitación.

-Okay, ma- le grito de vuelta.

Con mamá las cosas también iban bien. Sin embargo, no volvimos a hablar de papá ni de Mike. Mejor dicho, ella no volvió a hablar de ellos. Jamás me respondió la pregunta de dónde estaba papá y creo que jamás lo hará.

Y aunque me dé algo de intriga, estoy bien con eso. Ya lo acepté y no volveré a preguntar. Después de todo, mi vida está bien tal como está. Apenas tengo recuerdos lejanos de papá. Técnicamente nunca existió para mí, y si, estoy bien con eso.

Me recuesto en mi cama boca arriba exhausta de tanto estudio. En eso Mila se me sube arriba ronroneando.

-Eres una gatita hermosa, sí que lo eres- le digo con voz tonta-. ¿Quién necesita un papá, Mila? Yo no.


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LAURA

Salgo del departamento y comienzo a acelerar el paso hacia el centro. No quiero cruzármelo.

De seguro se encontraba en algún lugar cercano, pues no se había querido marchar cuando se lo dije y desde entonces no deja de acercarse a mí cada vez que tiene la oportunidad. Si llega a hacerlo esta vez, estoy dispuesta a dañarlo de cualquier forma posible. Si debo romperle el corazón, lo haré.

Acelero aún más el paso. Me concentro en lo que debo comprar para no preocuparme tanto. Lechuga, tomate, cebolla, zanahoria.

-Lechuga, tomate, cebolla, zanahoria- lo digo en voz baja nerviosa.

Giro la cabeza hacia atrás y...allí está. Lejos, pero claramente me está siguiendo. Vuelvo a girar la cabeza fingiendo no haberlo visto, pero ya está gritando mi nombre.

-¡Laura!¡Espera!

Qué vergüenza. Tú sigue mirando hacia adelante, Laura. No frenes ni te des la vuelta.

-¡Laura!

Giro en una esquina, intentando perderlo. Sin embargo, ya había empezado a correr y está cerca.

-Déjame, ya basta de acosarme- le grito aún con los ojos concentrados en mis pisadas.

-Vamos Laura, no exageres- me dice sin necesidad de alzar la voz, pues ya está al lado mío.

Me freno bruscamente y lo enfrento. Sí, él es muy alto al lado mío, pero no por eso me intimida aquel hombre. Además, lo conozco bien.

-Antonio, debes parar. Ya te dije miles de veces que nos dejes en paz.

-Laura, escucha, vine aquí solamente para verlas. A tí y a Romi.

-Romi no quiere verte, ¿qué no entiendes? Ya no te necesita. Estuviste muerto toda su vida.

-Eso lo dices porque me guardas rencor, pero no es cierto. No puede ser cierto.

-Lo es. Si tanto querías verla, hubieras aparecido años atrás- le espeto sin piedad.

Habíamos tenido esta conversación incontables veces desde que volvió a la Argentina. Me está hartando.

-Sabes perfectamente que me estaba ocultando de Mike- me dice antes de que continuara mi camino.

-¿Ocultándote o engendrando hijos por ahí?

La cara se le transforma y ahora me mira serio.

-No hables de mis hijos como si fueran animalitos. ¿Me entendiste?

-¿Cuáles hijos?¿Los de Rosa, o los de Lidia quizás?

-Laura, ya basta de juegos. Quiero ver a mi hija- me dice pero yo ya estoy caminando-. Laura, no me ignores. ¡Laura!

Me detengo y lo agarro de aquella estúpida corbata que tiene puesta. Lo acerco a mi rostro y le digo sin piedad:

-Ella ni siquiera es tu hija. Tú no eres su padre. Tu hermano es su padre, no tú.

-¡Mike ni siquiera lo sabe!¡Yo la crié!- me dice alterado.

-No, no la criaste Antonio. Decidiste escapar como un cobarde. Y yo, yo aquí defendiéndote por años ante tu hija, diciéndole que eras un buen padre todo...todo porque yo...te amaba. Te amaba y esperaba que aún volvieras.

-Laura, yo si...

Lo abofeteo.

-No, no me vuelvas a mentir. No tenías pensado volver. Nunca pensaste en volver.

Sigo mi camino, pero vuelve a seguirme.

-No me importa que tú no quieras que la vea, iré por mi cuenta.

-Atrévete y le diré a Mike y a sus perritos dónde estás. No solo eso, les daré el nombre y dirección de tus mujeres e hijos. Les daré todo tipo de información tuya- lo miro con seriedad-. No estoy bromeando.

Se queda helado y palidece al instante. A diferencia de Mike, él siempre fue muy cobarde. Nunca se atrevió a enfrentar a su hermano, ni siquiera por su esposa e hija, o mejor dicho, sobrina. Nunca enfrentó sus problemas y resultó siendo un maldito inútil despreocupado.

No entiendo cómo pude darme cuenta de ello años después de que escapara. Para ese entonces, ya le había llenado la cabeza a Romi con que él era un buen hombre. No me atrevo a negarlo ahora, pero tampoco a seguir con la farsa. Simplemente intento evadir el tema y hacer que ella se olvide de él.

Y lo estaba logrando. Por eso, no puedo ni quiero permitir que se crucen.

-Vete y no vuelvas, Antonio. Desaparece otra vez, eres un experto en eso- le digo.

Él, sin más que decir, se da la vuelta y comienza a caminar cabizbajo. Quién sabe a dónde se dirigirá.

Yo, por mi parte, sigo mi camino hacia la tienda.

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