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Asher: ¿Otra vez?- pregunto el pequeño de cuatro años, con su voz aguda y algo incomprensible, al mirar el tablero- ¡Papa! ¡Haz algo!

Una suave risa sonó en respuesta, notados una falta de energía en esta. La luz del mediodía y calor de verano se colaban por el ventanal que daba al jardín, con el agua de la gran piscina reflejando un cielo azul eléctrico. En esa casa de los suburbios de clase media alta, tres personas estaban sentadas en el suelo, rodeando la mesa de la sala de estar y posando su espalda en el mismo sofá alrededor. Lust había empezado su ciclo de celo esa misma madrugada, con el calor invadiendo su cuerpo y un golpe de energía pasando por cada músculo. Cuando bajó a la cocina en busca de un refrescante vaso de agua, el sonido de vidrio en el suelo despertó a la mujer de la casa, y entendiendo la situación, no tardó mucho en pedir unos días de baja y poder cuidar de él. 

Ahora, con su jersey favorito puesto y los brazos de Ámbar rodeándolo, su cuerpo se encontraba en un estado de calma. De vez en cuando acariciaba su cabello o sus hombros, y, emocionada, lo primero que hizo después del desayuno fue sacar montones de cajas de juegos. Asher ya sonrió y dio pequeños saltos cuando la de cabellos castaños se acercó al armario. Esos juegos ya estaban ahí desde antes de la llegada del omega, lo que no sabían, es que se encontraban guardados incluso desde antes de la llegada del niño, acumulando polvo para que, algún día, formasen parte de la felicidad de su dueña.

Siendo que Lust no estaba en su mejor estado para jugar, sacó el juego de la lotería y ambos jugaron como equipo. Todos estaban en pijama, y los dos boletos de la mesa cada vez se llenaban más de fichas anaranjadas, tapando números aleatorios que habían salido. El omega solo se acurrucaba, sintiendo el torso de la de ojos ambarinos en su espalda y su mandíbula apoyada en su cabeza. Con sus brazos rodeándolo y las piernas a los lados, se sentía, de alguna forma, protegido.

Lust: No puedo hacer nada, Ashy- No tenía mucha energía, y de vez en cuando cabeceaba, pero adoraba no tener que sucumbir a sus deseos. Solo disfrutar de un día en familia y regocijarse de alegría al escuchar cada emoción de su retoño. Cumpliendo ese deseo interno que pensó jamás poder tocar-

Asher: ¡Seguro que mamá está haciendo trampa! ¡Ella es quien saca los números!- No era un niño muy competitivo, siendo u madre profesora le había podido enseñar bien muchas morales. Pero hoy era distinto, porque se estaba jugando contra su madre uno de los deliciosos gofres que su padre preparaba, y ese postre después de la comida de hoy valía la pena el enfado-

Ámbar: Claro que no, sabes que este juego es a suerte- Comentó, fingiendo estar ofendida por la acusación. Poco decir, si su contrincante no fuese su querido hijo, podría hacer trampas para conseguir ese gofre-

Lust: No acuses a mamá de hacer trampa sin pruebas, eso está feo cielo- Le dijo a su retoño, pero al ver como su cara aún mostraba mezcla de decepción, ceño fruncido y mofletes hinchados, decidió añadir algo más- Que te parece si hago gofres para los dos. Pero no se lo digas a mamá.

Asher: Ssssh- Movió dos dedos por encima de sus labios, como si fuese una cremallera, y justo después soltó una pequeña risilla-

Ambos dirigieron su mirada a la beta, quien solo miraba hacia otro lado y fingía no haber escuchado nada como si no estuviese a menos de un metro de la conversación. Al ver que, de hecho, su madre estaba sorda, sonrió y adoptó una postura más confiada. Ahora tenía otra razón para ganar, porque él ya sabía que el premio no importaba, pero ella no. Si él ganaba su madre creería que no conseguirá postre especial, y cuando noté que hay un gofre para ella se llevará una sorpresa feliz, y le gusta ver a su madre feliz.

Asher: ¡Voy a ganar!- Confirma con una sonrisa, una mano en la cadera y un dedo apuntando a su contrincante-

La partida siguió, pero Lust no saco su mirada de la contraria. De una forma silenciosa le pidió cumplir los deseos de su pequeño. Si aún quería ganar después de haberle asegurado el premio, debía ser por algo. Ámbar en respuesta sonrió levemente después de suspirar y rodar sus ojos, si él se lo pedía no podía decirle que no.

Después de unas cuantas mentiras blancas y una remontada, el pequeño niño fue el claro vencedor de la partida. Saltó varias veces con alegría y saltó hacia sus padres con una sonrisa de oreja a oreja, celebrando su victoria y pidiendo de forma insistente que ambos se levanten para ir a comer. Ámbar seguía el juego, fingiendo estar derrotada, mientras que el omega solo se mostraba calmado y respondiendo varias miradas cómplices con su hijo.

Pasaron una hora en la cocina, el chico estaba impaciente por que llegase la hora de la comida, pero no estaba ni lista para empezar. Lust preparó los gofres y Ámbar se encargó de la comida, preparando una simple pasta, fácil y disfrutable a cualquier edad. Asher la ayudó en todo momento, distrayéndola del hecho que se estaban preparando más gofres de lo esperado, aunque ya lo supiese.

Cerca de las dos y media de la tarde la mesa ya estaba lista y había tres platos de pasta a la carbonara. El niño y la beta se sentaron uno delante del otro, esperando a que Lust saliese de la cocina y se colocase al lado de la mujer. Y cuando entró al comedor, lo hizo con tres platos de gofres, deliciosos gofres con una bola de helado de vainilla y un chorro de sirope de caramelo. Mientras dejaba los tres platos, Asher no pudo evitar estar de pie en la silla y sonreír emocionado, ahí la de cabellos rulados supo que debía actuar sorprendida.

Asher: ¡Sorpresa!- Levantó sus brazos y abrió sus manos, mostrando lo obvio- También hay para ti, aunque hayas perdido, porque yo y papá queremos compartir.

Ámbar: Eso es tan dulce de vuestra parte- Comentó a ambos. El de cabello corto se sentó en su silla, acercándola un poco más a la de la mujer para sentirse más acompañado- Gracias- Con un tono dulce y emocionado dirigió esas palabras al chico, pero no tardó en girar su rostro y llenar la mejilla del contrario de besos animados-

Lust no pudo evitar sonrojarse y soltar algún que otro gimoteo de vergüenza, pero esos besos le hicieron sentir feliz, querido, incluso si no era algo importante para la de ojos dorados en ese momento.  Aun estando en celo, aún cansado y su mente dando vueltas por la falta de sexo, nunca se había sentido tan bien durante este estado, más vivo y acompañado.

Todos disfrutaron la comida, los gofres, y la extraña familia que habían formado.

Por debajo de la mesa, en ningún momento, Ámbar dejo de acariciar la palma de su mano.

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Si te habías olvidado que esta historia existe, no te culpo, yo también lo había hecho. Ups 🤗.

Me gusta, pero se nota que ya es hora de que se vaya. No va a ser mucho más larga, solo pondré a todos los personajes restantes en su época de celo y un capítulo final ¿Eso da pereza? Un montón, pero es como quiero terminar la historia, así que así será.

Por eso, ¿Qué pareja queréis que salga en el próximo capítulo? Y creo que ha habido confusiones, las parejas que tienen que salir son las que no han tenido su capítulo en celo, por lo que algunas como el Nightkiller o el Inkerror no las mencionéis porque ya han tenido este capítulo.

Antes de nada, solo decir que me encanta esta pareja y podría estar fácilmente en mi top 3 parejas de esta historia.

Dicho esto, hasta la próxima

Un simple omegaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora