Raisa Winslow
Las últimas treinta y seis horas han sido un dolor de ovarios. Empezando por el hecho de que intentaron asesinarme en Sidón, tuve que bancarme los comentarios sobreprotectores y, por último, las miradas indiscretas de los cotillas que solo quieren ver las marcas que quedaron en mi cuello. Desde que aterrizamos en Londres, no he parado de recibir llamadas de mamá cada sesenta minutos, asegurándose de que sigo con vida. Eso, sin mencionar la mirada de preocupación cada vez que Roman entra a mi cubículo.
—Es la novena vez que vienes y te quedas de pie junto a la puerta —respondo, sintiéndome fastidiada y molesta—. ¿Necesitas algo?
—Te traje un informe, quiero que lo leas —Roman me entrega un folleto con solo dos hojas, impresas por un solo lado.
—Capitán, este informe es del año pasado —suspiro y cuento hasta diez—. Hablo en serio, ¿qué quieres?
—Saber que estás bien —se aleja para adueñarse de una silla del cubículo vecino y la usa para sentarse a mi lado—. Tal vez no lo entiendas, pero me da terror verte las marcas en el cuello y recordar al idiota que quería asfixiarte.
—Exageras, no es para tanto.
—No exagero —responde molesto—. Me sentiría mejor si lo hubiera atrapado. ¿Recuerdas su rostro? No pude verlo porque la luz de ese callejón no fue suficiente.
—No lo recuerdo —hablo con la verdad. Ahora mismo mi cerebro experimenta una especie de cortocircuito—. Seguramente es producto del estrés postraumático. Solo pido poder recordar porque yo misma quiero matar a ese imbécil.
—No es necesario que te atrofies el cerebro obligándote a recordar.
El intento de consuelo solo logra hacerme sentir más estúpida. No puedo ni quiero aceptar que un intento de homicidio me haya tirado a la lona. ¿Acaso no es suficiente que haya vivido cosas mil veces peores a tan corta edad?
—Es que no lo entiendo. Soy un soldado experimentado, he visto cosas que podrían volverme loca, pero llega un idiota que quiere matarme y ¡boom!, olvido su rostro en un dos por tres.
—Ya no te atormentes, mejor aprovecha los días de incapacidad y lárgate a descansar.
—No hay manera —vuelvo a teclear en la computadora. Roman se acerca al monitor para leer lo que estoy redactando, así que debo manotear para que se aleje—. Estoy atrasada con el informe que le prometí a Lorenzo West, y estoy aprovechando que he terminado con los pendientes que me delegaste.
—¿Y Brown? Él podría hacer todo el papeleo.
—¿Y dejar que se robe el crédito? —bromeo—. Olvídalo, es su día libre y fue a recoger su auto.
—Sabes, comienzo a creer lo que dijo Christopher aquella vez. —La sola mención del coronel Morgan me pone de malas—. Los soldados esparcen un rumor y me gustaría que tú misma me lo confirmaras. —Creo tener una idea de lo que habla. Mi hermano aprovecha que no lo he mandado a la mierda y vuelve a hablar—. Dicen que Christopher y Hunter se agarraron a golpes, que los soldados tuvieron que intervenir y que tú le disparaste al coronel. ¿Es verdad?
—La gente suele inventar chismes cuando no tienen cosas que hacer —evado el tema y me encojo de hombros—. Una mente ocupada no tiene tiempo para dimes y diretes.
—Como quieras —Roman suspira resignado al no saber la verdad. Se pone de pie para colocar la silla en su cubículo correspondiente y me pellizca el brazo, obligándome a mirarlo—. Me voy, pero ten por seguro que averiguaré la verdad.
—Menos mal, creí que amenazarías con volver a buscarme en media hora.
—¡Qué graciosa! —responde con sarcasmo mientras se aleja.
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En las garras de la Bestia [Christopher Morgan] [Actualizaciones lentas]
FanfictionLa familia Winslow ha sido una de las familias más importantes de la FEMF y Raisa Winslow es la joya de la corona. Después de que Cristopher Morgan haya vuelto de Italia, el consejo decide eliminar su paso en la FEMF y para evitarlo, Alex Morgan de...
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